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Fecha
Opinión
14 Oct 2026

Iberoamérica: una oportunidad estratégica para construir prosperidad compartida

En un momento en que la economía mundial demanda socios fiables, mercados abiertos y marcos estables para la inversión, América Latina y el Caribe están destinados a convertirse en uno de los grandes vectores de crecimiento y competitividad de las próximas décadas y en un socio estrecho de la UE.

Europa

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Directora del Departamento de Asuntos Europeos de CEOE

Isabel Yglesias

Directora de Asuntos Europeos de CEOE

La relación entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe ha adquirido una dimensión estratégica más concreta en los últimos años. Ante el actual contexto internacional, marcado por la fragmentación geopolítica, las tensiones comerciales y la competencia por tecnologías y materias primas, la UE ha puesto el foco en la apertura comercial y la diversificación de proveedores como uno de los ejes principales de su política de competitividad. Así lo puso de manifiesto la Brújula para la Competitividad, presentada por la Comisión Europea en enero de 2025, al incorporar ambos objetivos al marco de reducción de dependencias y refuerzo de la resiliencia económica.

La UE es el principal inversor extranjero en América Latina y el Caribe, con un stock de inversión directa de unos 741.000 millones de euros en 2022, según datos de Eurostat, y el tercer socio comercial de la región, después de Estados Unidos y China. Gracias a una red de acuerdos comerciales y de asociación que cubre buena parte de los intercambios birregionales, la región es un socio clave para las transiciones verde y digital. A su vez, la UE ofrece a América Latina y el Caribe una asociación de largo plazo basada en inversiones de calidad, transferencia de tecnología y conocimiento, creación de valor añadido local y altos estándares sociales y medioambientales, con capacidad para generar crecimiento, empleo y cohesión social en ambas regiones.

Teniendo en cuenta el interés compartido entre ambas regiones, unidas por profundos lazos no solo económicos, sino también históricos, culturales, lingüísticos y afectivos, España impulsó, como una de sus prioridades durante la Presidencia española del Consejo de la UE, la celebración de la III Cumbre UE-CELAC en Bruselas en julio de 2023. Este encuentro, el primero tras ocho años, supuso la reactivación institucional de las relaciones para construir una asociación reforzada y estratégica entre actores afines. Culminó con una declaración conjunta que recogía el compromiso de celebrar estas cumbres cada dos años, además de una hoja de ruta con actividades concretas para 2023-2025. En paralelo, durante el Foro Empresarial UE-LAC se presentó la Agenda de Inversiones Global Gateway en la región, concebida para movilizar más de 45.000 millones de euros hasta 2027. El encuentro sirvió para abordar oportunidades de inversión verde y digital en la región y contó con la participación de BusinessEurope y CEOE.

La IV Cumbre UE-CELAC, celebrada en Santa Marta en noviembre de 2025, dio continuidad a este impulso. Su declaración conjunta confirmó como prioridades el comercio y la inversión, las transiciones verde y digital, la cohesión social y la lucha contra la delincuencia organizada transnacional. Asimismo, tomó nota de los resultados del Foro Empresarial ALC-UE celebrado en paralelo y encargó finalizar una nueva hoja de ruta birregional. El estrechamiento de las relaciones entre la UE y América Latina y el Caribe resulta, por tanto, palpable, mientras se intensifican los proyectos y compromisos de inversión en el terreno. Esta renovada ambición birregional se concreta también en la consolidación de la red de acuerdos comerciales de la UE con la región.

En este ámbito, los avances registrados en 2026 han reforzado de forma significativa la relación bilateral. El Acuerdo Interino de Comercio UE-Mercosur se aplica provisionalmente desde el 1 de mayo, aunque sigue pendiente la ratificación del Acuerdo de Asociación UE-Mercosur por parte de los parlamentos nacionales de los Estados miembros. Este acuerdo comercial se traduce en la reducción de aranceles, la mejora del acceso a la contratación pública y la protección de 344 indicaciones geográficas europeas. La Comisión prevé que pueda aumentar un 50 % las exportaciones agroalimentarias de la UE al Mercosur. Como referencia de partida, el comercio bilateral de bienes ascendió en 2024 a unos 111.000 millones de euros y el stock de inversión de la UE en Mercosur se situó en torno a 390.000 millones en 2023, según datos de la Comisión Europea.

Por otro lado, la UE firmó el 22 de mayo de 2026 el Acuerdo Global Modernizado y un acuerdo comercial interino con México. En 2025, el comercio bilateral de bienes alcanzó unos 87.000 millones de euros; más de 45.000 empresas europeas exportan al mercado mexicano y el stock de inversión de la UE se situó en 207.000 millones de euros en 2024. El nuevo marco amplía el acceso a la contratación pública, los servicios y los productos agroalimentarios, protege 568 indicaciones geográficas europeas e incorpora compromisos exigibles en materia climática y laboral.

Junto con los avances relativos a Mercosur y México, la red de acuerdos se completa con el Acuerdo Interino de Comercio con Chile, vigente desde 2025; los acuerdos con los países andinos, Centroamérica y el Caribe; y la propuesta de Acuerdo de Facilitación de las Inversiones Sostenibles con Ecuador, presentada al Consejo el pasado mes de septiembre. Esta arquitectura comercial proporciona una base más sólida para desplegar la agenda birregional de inversiones.

Sobre esta base comercial, la mencionada Agenda de Inversiones Global Gateway UE-ALC aporta el segundo gran componente operativo de la relación: la movilización de inversiones y la ejecución de proyectos. Articula la actuación de la UE, sus Estados miembros, el Banco Europeo de Inversiones, otras instituciones financieras y el sector privado. Sus proyectos se concentran en cuatro ámbitos: transición verde justa, transformación digital inclusiva, desarrollo humano y resiliencia sanitaria. Para que esa ambición se traduzca en resultados, será decisiva la colaboración público-privada. Las empresas convierten los compromisos políticos en proyectos, innovación, empleo y prosperidad compartida y contribuyen, además, a identificar iniciativas financiables y obstáculos para su ejecución.

En un momento en que la economía mundial demanda socios fiables, mercados abiertos y marcos estables para la inversión, América Latina y el Caribe están destinados a convertirse en uno de los grandes vectores de crecimiento y competitividad de las próximas décadas y en un socio estrecho de la UE. El balance de la relación deberá medirse por una mayor utilización de los acuerdos comerciales, el crecimiento de los flujos de inversión, la ejecución efectiva de proyectos y la reducción de barreras para las empresas. Mantener la ambición política sigue siendo relevante, pero su credibilidad dependerá de avances verificables en estos cuatro ámbitos. En este contexto, resulta evidente la importancia de impulsar la relación iberoamericana y de reforzar el papel de España y Portugal como puente entre CELAC y la UE.

Por ello, la XXX Cumbre Iberoamericana y el XVI Encuentro Empresarial Iberoamericano de Madrid ofrecen una oportunidad para impulsar la agenda estratégica europea en la región y convertir las prioridades compartidas en proyectos concretos. La participación empresarial será esencial para que ese impulso se traduzca en inversión, empleo y crecimiento sostenible a ambos lados del Atlántico.

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