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Fecha
Opinión
16 Oct 2026

España e Iberoamérica pueden reforzar sus vínculos comerciales, aprender de sus diferentes modelos y generar nuevas oportunidades de crecimiento empresarial

El comercio es un sector estratégico para la economía y, sobre todo, para la sociedad.

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César Maurín 2026

César Maurín

Director del Departamento de Digitalización, Innovación, Comercio e Infraestructuras de CEOE

Más allá de su actividad directa, el sector del comercio conecta la producción con los consumidores, contribuye a la actividad de otros sectores, facilita el acceso a bienes y servicios y fija la población en los territorios.

En España, el comercio representa, aproximadamente, el 13 % de la actividad económica nacional y genera el 17 % del empleo. Además, su presencia en todo el territorio favorece la cohesión social y contribuye a mantener vivos los pueblos y las ciudades.

Esta capacidad de conectar empresas y mercados adquiere una dimensión especial en la relación entre España y Latinoamérica. La inversión latinoamericana acumulada en España alcanzó, en 2025, los 66.844 millones de euros, según el informe Global LATAM 2025, elaborado por ICEX-Invest in Spain y la Secretaría General Iberoamericana. Más de 600 empresas de la región tienen inversiones en nuestro país y generan alrededor de 44.000 empleos directos.

Estas cifras reflejan una realidad que va más allá de los intercambios comerciales tradicionales: las empresas de ambos lados del Atlántico encuentran oportunidades para crecer, invertir y desarrollar nuevos negocios.

Durante décadas, las empresas españolas han encontrado en América Latina oportunidades para expandirse en sectores como la moda, la alimentación, la distribución y la restauración. Hoy, la relación también funciona en sentido inverso y son muchas las empresas latinoamericanas que invierten en España adquiriendo compañías, abriendo establecimientos y centros productivos y desarrollando sus marcas en nuestro mercado.

El comercio permite visualizar esta conexión. La inversión y la implantación en nuevos mercados y el desarrollo de proyectos conjuntos contribuye a estrechar los vínculos entre ambas áreas económicas y a generar nuevas oportunidades de negocio.

Para aprovechar estas oportunidades es necesario comprender la diversidad comercial de los distintos países iberoamericanos en aspectos como, por ejemplo, la organización de la distribución, la logística, la gestión de marcas propias, los pagos digitales, las soluciones tecnológicas, la adaptación a diferentes perfiles de consumidores o el desarrollo de productos frescos; entre otros.

La clave está en no trasladar automáticamente un modelo de negocio de un país a otro. El éxito depende de combinar las capacidades de cada empresa con el conocimiento local, las necesidades del consumidor y las condiciones en las que se desarrolla la actividad.

Desde la Comisión de Competitividad, Comercio y Consumo (C4) de CEOE estamos impulsando esta colaboración entre ambos continentes y buena prueba de ello ha sido nuestra participación en la reciente Feria EXPORETAIL Iberoamérica, celebrada en Madrid, que ha servido para conectar empresas del sector retail de ambos lados del Atlántico, generando nuevos proyectos.

Son muchos los intereses y preocupaciones comunes y la mejor manera de buscar soluciones es compartir experiencias.

Me estoy refiriendo a grandes retos que nos afectan a todos y en los que llevamos años trabajando en el seno de CEOE. Cuestiones como el relevo generacional, el hurto multirreincidente, el absentismo laboral o la hiperregulación son buenos ejemplos de experiencias y aprendizajes que compartir con nuestros homólogos latinoamericanos, para, al mismo tiempo, escuchar y aprender de ellos, porque intercambiar perspectivas y soluciones puede ayudarnos a afrontar mejor los desafíos que, en buena medida, compartimos.

En este sentido, la competitividad del sector depende, en gran medida, de un marco regulatorio estable, claro y proporcionado, que aporte seguridad jurídica y facilite la iniciativa empresarial. La previsibilidad normativa constituye un elemento clave para favorecer la inversión y la toma de decisiones empresariales a largo plazo.

Las diferencias normativas, los procedimientos administrativos complejos y la incertidumbre sobre las obligaciones aplicables pueden dificultar la expansión internacional, especialmente para las pequeñas y medianas empresas.

En muchas ocasiones, el reto no es únicamente encontrar clientes o socios comerciales, sino comprender y cumplir requisitos regulatorios distintos en cada mercado. Esta reflexión resulta especialmente pertinente en España, donde las empresas, nacionales y extranjeras, demandan que la unidad de mercado funcione de forma efectiva y que la diversidad normativa existente entre comunidades autónomas no se traduzca en cargas, duplicidades o barreras que dificulten operar y crecer en el conjunto del territorio nacional.

Avanzar en la simplificación administrativa, la transparencia regulatoria y la cooperación entre las autoridades ayudaría a reducir estos obstáculos y a facilitar el desarrollo de proyectos empresariales en ambas direcciones, contribuyendo así al crecimiento económico y la creación de empleo.

La cooperación iberoamericana puede desempeñar igualmente un papel relevante mediante el intercambio de buenas prácticas regulatorias y administrativas que contribuyan a generar entornos más favorables para la actividad económica.

Además, la cooperación entre organizaciones empresariales puede contribuir a convertir estas posibilidades en resultados concretos y, por tanto, el XVI Encuentro Empresarial Iberoamericano ofrece una ocasión inmejorable para reforzar esta agenda de cooperación.

La relación comercial entre España e Iberoamérica tiene una base sólida, pero su potencial no se agota en los intercambios actuales ni en la expansión de las empresas a nuevos mercados. La oportunidad está en construir una relación más estrecha, en la que las empresas puedan compartir conocimiento, encontrar socios y desarrollar nuevos proyectos en ambas direcciones.

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