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Fecha
Opinión
20 Oct 2026

Cultura e industrias creativas: la gran oportunidad económica de Iberoamérica

La cultura es uno de los grandes activos de Iberoamérica. Nuestra riqueza patrimonial, la diversidad de expresiones artísticas y los vínculos lingüísticos y culturales conforman un espacio singular de creación e intercambio. Pero su importancia trasciende la identidad compartida: las industrias culturales y creativas generan actividad económica, empleo, innovación y proyección internacional.

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Enrique Cerezo

Enrique Cerezo

Presidente de la Comisión de Cultura y Deporte de CEOE

La dimensión económica de este ecosistema es significativa. Según estimaciones difundidas por el Banco Interamericano de Desarrollo, las industrias culturales y creativas representan alrededor del 2,2 % del PIB de América Latina y el Caribe y generan cerca de 1,9 millones de empleos. Estas cifras, utilizadas como referencia para dimensionar la economía naranja regional, ponen de manifiesto su potencial como fuente de actividad empresarial, innovación y oportunidades de desarrollo.

Hablamos de un ecosistema empresarial extraordinariamente diverso, que abarca el libro y la edición, la música, las artes escénicas, el audiovisual, los videojuegos, el diseño, la arquitectura, el patrimonio y las nuevas actividades digitales. En él conviven grandes compañías internacionales, pymes, microempresas y profesionales independientes, con modelos de negocio, necesidades de financiación y capacidades de crecimiento diferentes. Todos comparten, sin embargo, una característica esencial: transformar creatividad, conocimiento y talento en bienes y servicios con valor económico y social, generando además oportunidades para otros sectores como el turismo, la educación, el comercio y la tecnología.

España, Portugal y los países latinoamericanos cuentan con empresas, profesionales y creadores de reconocimiento internacional. Las plataformas de distribución, la expansión de contenidos en español y portugués y las nuevas herramientas digitales han ampliado las posibilidades de llegar a públicos globales. Esta oportunidad, sin embargo, no debe entenderse como una relación en una sola dirección: la cooperación iberoamericana se enriquece con la capacidad creativa, empresarial y tecnológica de todos sus integrantes.

El audiovisual constituye un buen ejemplo de este potencial compartido. Según el Panorama Audiovisual Iberoamericano 2026, elaborado por EGEDA y FIPCA, el cine nacional reunió más de 40 millones de espectadores en los mercados iberoamericanos analizados en 2025. A ello se suma la trayectoria del Programa Ibermedia, que desde 1998 ha apoyado 1.245 proyectos de coproducción, contribuyendo a fortalecer el tejido empresarial audiovisual y la colaboración entre países. Estas experiencias ilustran el valor de la cooperación para impulsar proyectos, movilizar talento y ampliar mercados.

Convertir ese potencial en crecimiento sostenido exige afrontar desafíos concretos: la fragmentación de mercados, las dificultades de financiación, la dimensión reducida de numerosas empresas, las vulneraciones de derechos, los cambios tecnológicos y la necesidad de formar y retener talento. La respuesta debe respetar las particularidades de cada actividad cultural y, al mismo tiempo, favorecer un entorno común de competitividad.

Una primera prioridad es facilitar la circulación de obras, proyectos y servicios culturales. La cooperación entre empresas y organizaciones sectoriales puede impulsar coproducciones, distribución, participación en ferias, internacionalización y acceso a nuevos públicos. Para las pymes y los profesionales independientes, reducir obstáculos administrativos y mejorar el conocimiento de los mercados puede ser tan importante como abrir nuevas vías de financiación.

La segunda prioridad es fortalecer la inversión. La cultura necesita instrumentos adecuados a la diversidad de sus ciclos productivos y riesgos: financiación privada, incentivos a la inversión, mecenazgo y patrocinio. No se trata únicamente de apoyar proyectos individuales, sino de favorecer empresas sostenibles, capaces de crecer, innovar y conservar el valor de la creación en el propio ecosistema cultural.

La propiedad intelectual constituye otra pieza decisiva para la competitividad de las industrias culturales y creativas. La protección de los derechos de quienes crean, producen, financian y distribuyen contenidos permite sostener la inversión, el empleo y el desarrollo de nuevas obras. En este sentido, la lucha contra la piratería y la protección eficaz de los derechos deben avanzar de la mano de la innovación tecnológica, la mejora de los procesos productivos y el desarrollo de nuevos modelos de negocio, mediante soluciones proporcionadas que favorezcan tanto la creación como la transformación digital del sector.

En este terreno, la inteligencia artificial plantea una oportunidad y una responsabilidad compartidas. Puede mejorar la producción, la accesibilidad, la distribución y el conocimiento de las audiencias; también obliga a construir reglas claras y soluciones proporcionadas, mediante el diálogo entre titulares de derechos, empresas tecnológicas, plataformas, creadores e instituciones. La cooperación iberoamericana puede ayudar a desarrollar capacidades y buenas prácticas que favorezcan tanto la innovación como la creación.

El talento completa esta agenda. La formación artística, técnica, empresarial y digital, junto con la movilidad profesional y la colaboración entre universidades, centros de formación y empresas, es imprescindible para fortalecer toda la cadena de valor. También lo es reconocer la diversidad de trayectorias laborales y de necesidades que conviven en el sector cultural.

La cultura aporta, además, una dimensión territorial propia. Los festivales, los equipamientos, el patrimonio y las actividades creativas dinamizan ciudades y áreas rurales, favorecen la cohesión social y enriquecen la oferta turística. Su contribución será mayor cuando exista una planificación que preserve la identidad local, permita desarrollar proyectos viables y genere oportunidades para empresas y comunidades.

Iberoamérica tiene la oportunidad de pasar de los vínculos culturales históricos a una cooperación empresarial más estructurada: alianzas para producir y distribuir, instrumentos de inversión, transferencia tecnológica y espacios de diálogo estables entre sectores y países. Las grandes compañías internacionales y las pymes culturales pueden desempeñar papeles complementarios en ese proceso.

El futuro de la cultura iberoamericana no dependerá únicamente de nuestra capacidad para crear obras de alcance mundial, sino también de la fortaleza de las empresas y los profesionales que las hacen posibles. Convertir nuestra diversidad creativa en inversión, empleo y proyectos compartidos exige reconocer el valor económico de la cultura, proteger la creación y facilitar que el talento encuentre oportunidades para desarrollarse.

Porque la cultura no es solo uno de los grandes patrimonios compartidos de Iberoamérica: es también una de sus mayores oportunidades para construir futuro.

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