Educación y formación, palanca clave para el desarrollo de Iberoamérica
En un contexto marcado por la transformación tecnológica, la transición ecológica y los cambios demográficos, la educación y la formación se han convertido en factores esenciales para impulsar la competitividad empresarial, la empleabilidad y la cohesión social. Más allá de mejorar las competencias de las personas, constituyen una herramienta estratégica para aumentar la productividad, favorecer la inclusión y adaptar empresas y trabajadores a las profundas transformaciones del mercado laboral.
Iberoamérica comparte importantes desafíos, como la elevada informalidad, las dificultades de acceso al empleo de jóvenes y colectivos vulnerables, las brechas de género, los movimientos migratorios y la necesidad de adecuar las cualificaciones profesionales a una economía cada vez más digital y sostenible. En todos estos ámbitos, la formación desempeña un papel decisivo.
Esta realidad ha quedado reflejada en la reciente Declaración Tripartita Iberoamericana sobre Formación Profesional, impulsada por OIT/CINTERFOR y suscrita en Santiago de Chile en agosto de 2025 tras un amplio proceso de diálogo entre gobiernos, organizaciones empresariales y sindicales de 19 países. La Declaración constituye un marco común de referencia para orientar las políticas de formación profesional desde el consenso y la corresponsabilidad de los interlocutores sociales.
Uno de sus principales valores es situar el diálogo social en el centro de las políticas formativas, reconociendo que la formación será más eficaz cuanto mayor sea la participación de empresas, trabajadores y administraciones públicas en su diseño, desarrollo y evaluación. Asimismo, refuerza principios esenciales como el aprendizaje a lo largo de la vida, la inclusión sociolaboral, la igualdad de oportunidades, la sostenibilidad y la adaptación continua de las competencias a las necesidades productivas.
Desde la perspectiva empresarial, este enfoque resulta especialmente relevante. Las empresas detectan de forma inmediata los cambios que se producen en los sectores productivos y las nuevas cualificaciones que demandan los puestos de trabajo. La digitalización, la inteligencia artificial, la automatización y la transición ecológica están transformando el empleo a gran velocidad, lo que exige sistemas formativos más flexibles, ágiles y conectados con la realidad económica. La Declaración recoge expresamente esta necesidad al vincular la formación con el desarrollo productivo, la competitividad y las transiciones digital y verde.
En este proceso, la participación de CEOE ha sido especialmente significativa. Como representante de las empresas españolas, ha defendido una visión basada en la colaboración público-privada, la corresponsabilidad de los agentes sociales y la conexión permanente entre educación, formación y mercado laboral. Esta aportación ha contribuido a reforzar una orientación centrada en la empleabilidad, la productividad y la adecuación de las competencias a las necesidades reales de las empresas.
Las oportunidades para la región son notables ya que Iberoamérica dispone de una población relativamente joven, una creciente integración económica y una amplia trayectoria en materia de formación. La cooperación regional puede favorecer el intercambio de buenas prácticas, el reconocimiento de cualificaciones, la movilidad laboral y una mejor respuesta a desafíos compartidos. En especial, la Declaración pone el foco en el reconocimiento de competencias adquiridas mediante la experiencia laboral y en la mejora de los mecanismos de acreditación que faciliten la integración laboral de las personas migrantes.
No obstante, persisten retos importantes. Será necesario fortalecer la gobernanza de los sistemas de formación, garantizar una financiación suficiente y sostenible, mejorar la detección de necesidades formativas y asegurar que las oportunidades de formación lleguen a las pymes y a los colectivos con mayores dificultades de acceso.
La experiencia demuestra que no existe desarrollo económico sostenible sin talento, ni talento sin una educación y formación de calidad, por ello, la Declaración Tripartita Iberoamericana representa un auténtico compromiso compartido con el futuro de la región y con una visión de la formación como inversión estratégica para la competitividad empresarial, la cohesión social y la igualdad de oportunidades.
Su aprobación constituye un importante éxito colectivo. El desafío ahora es trasladar sus principios a políticas y actuaciones concretas que generen resultados tangibles para empresas y trabajadores. Desde CEOE seguiremos contribuyendo a ese objetivo, convencidos de que el fortalecimiento de la educación y la formación es una de las mejores inversiones para construir una Iberoamérica más competitiva, inclusiva y preparada para afrontar los desafíos del siglo XXI.
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