Iberoamérica ante el reto digital: convertir la tecnología en oportunidades
La digitalización ha dejado de ser una opción vinculada exclusivamente a los sectores tecnológicos y se ha convertido en un elemento transversal, clave para la competitividad del tejido productivo.
La próxima celebración en Madrid del XVI Encuentro Empresarial Iberoamericano, en el marco de la XXX Cumbre Iberoamericana, representa una oportunidad para abordar uno de los grandes desafíos compartidos, que no es otro que el de conseguir que la transformación digital se traduzca en mayor productividad, más competitividad y mejores oportunidades para empresas y ciudadanos.
En un escenario internacional marcado por la incertidumbre, la cooperación tecnológica puede convertirse en uno de los principales motores de crecimiento e integración de Iberoamérica.
La digitalización ha dejado de ser una opción vinculada exclusivamente a los sectores tecnológicos y se ha convertido en un elemento transversal, clave para la competitividad del tejido productivo. La inteligencia artificial, el uso de los datos, la computación en la nube y la conectividad avanzada están transformando procesos, modelos de negocio y cadenas de valor.
Pero incorporar tecnología no es, por sí solo, sinónimo de transformación, el verdadero cambio llega cuando ésta permite innovar, mejorar la gestión y generar valor.
Iberoamérica dispone de importantes fortalezas para afrontar este proceso, como es un mercado de gran dimensión, empresas con vocación internacional, ecosistemas emprendedores dinámicos y un talento que está demostrando su capacidad para desarrollar soluciones digitales competitivas.
Sin embargo, los avances siguen siendo desiguales. Según datos recogidos por CAF para América Latina y el Caribe, dos de cada diez personas todavía no utilizan Internet, proporción que aumenta en las zonas rurales. A esta brecha de acceso se suman otras, menos visibles, relacionadas con la calidad de las conexiones, las competencias digitales y la capacidad de las empresas para aprovecharlas.
El reto es especialmente relevante para las microempresas y las pymes, que constituyen la inmensa mayoría del tejido empresarial de la región. Para muchas de ellas, digitalizarse no consiste en adquirir la última herramienta, sino en disponer de asesoramiento, financiación y formación para resolver problemas cotidianos. Si la transformación digital queda limitada a las compañías con más recursos, corremos el riesgo de ampliar las diferencias que pretendemos reducir.
Necesitamos avanzar muy rápidamente en implantar una verdadera transformación digital en los aspectos más esenciales, ya que el mundo no se detiene y no espera y la velocidad a la que cambia la tecnología es vertiginosa. Si no aceleramos para reducir las brechas existentes, cada día que pase serán mayores, ya que los avances en computación cuántica, en robótica o en la propia inteligencia artificial aplicada a sectores concretos; van a dejar muy atrás los procesos de digitalización que hoy conocemos.
En el seno de la Comisión de Sociedad Digital de CEOE llevamos años realizando un análisis exhaustivo de las necesidades reales de las empresas y de los ciudadanos y lo que es más importante, elaborando propuestas concretas para avanzar en una verdadera transformación digital de nuestra sociedad. Una transformación que debe servir para mejorar la productividad y la competitividad de las empresas, generar empleo y estimular el crecimiento económico; pero, fundamentalmente, para mejorar la vida de las personas mediante una aplicación ética de la tecnología.
Esta experiencia constituye también una base útil para compartir conocimiento con las organizaciones empresariales iberoamericanas. Por ello, a través del Consejo de Empresarios Iberoamericanos (CEIB), y en colaboración con la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), el sector privado participa en espacios de diálogo y cooperación que permiten compartir experiencias e identificar prioridades comunes.
Los Foros de Conectividad y Transición Digital han puesto sobre la mesa cuestiones esenciales, como el desarrollo de infraestructuras y una transición digital inclusiva. El siguiente paso debe ser traducir ese diálogo en proyectos, alianzas e iniciativas conjuntas que lleguen a las empresas y a los territorios de ambos lados del Atlántico.
La inteligencia artificial abre, en este sentido, una etapa especialmente prometedora. Su capacidad para mejorar la atención al cliente, optimizar la logística, facilitar el análisis de datos o automatizar tareas, puede beneficiar también a las empresas más pequeñas.
En este sentido, la futura Alianza Iberoamericana para la Inteligencia Artificial ofrece una ocasión para impulsar una cooperación que reúna a gobiernos, empresas, universidades y centros de investigación, con el objetivo de que esta tecnología sea un instrumento fundamental para mejorar nuestra sociedad. Para lograrlo, es fundamental cumplir con algunas premisas básicas.
La primera, invertir en infraestructuras de conectividad y computación de calidad y, al mismo tiempo, desarrollar las capacidades necesarias para aprovecharlas.
La segunda, reforzar la confianza mediante una ciberseguridad eficaz y un uso responsable de los datos.
Y la tercera y última, contar con marcos regulatorios predecibles, proporcionados y compatibles entre mercados, que protejan los derechos sin introducir barreras innecesarias a la innovación, el comercio y la inversión.
Esta cooperación debe facilitar también que el conocimiento generado en universidades y centros de investigación se convierta en soluciones aplicables por las empresas. Reforzar la transferencia de tecnología, la colaboración entre ciencia y empresa y el intercambio de experiencias entre los países iberoamericanos permitirá que la innovación llegue con mayor rapidez al tejido productivo.
España puede desempeñar un papel relevante como puente entre ambos continentes, pero el objetivo no debe limitarse a transferir soluciones de un lado a otro del Atlántico. Se trata de construir una relación de beneficio mutuo, aprovechar las capacidades de cada país y favorecer que más empresas iberoamericanas participen en las cadenas de valor globales.
El encuentro de Madrid nos brinda la oportunidad de renovar ese compromiso y, por eso, desde CEOE seguiremos trabajando para que la voz de las empresas contribuya a alcanzar ese objetivo común.
Actualidad relacionada
El turismo constituye uno de los vínculos económicos y empresariales más sólidos entre España e Iberoamérica. Conecta personas y culturas, moviliza inversiones, genera empleo e impulsa infraestructuras y cadenas de valor. Sobre una historia compartida y estrechos vínculos culturales, se ha consolidado una relación que ofrece oportunidades de desarrollo a ambos lados del Atlántico.
Durante años, el debate sobre la posición de Europa en la carrera tecnológica ha oscilado entre dos relatos cómodos. El resignado: Estados Unidos innova, China fabrica y Europa regula. Y el complaciente: tenemos talento, ciencia y mercado, y el resto es cuestión de tiempo. Ninguno sirve ya.
Rediseñar el turismo no significa sustituir aquello que le aporta valor. Significa utilizar la tecnología para reforzar su dimensión más humana: la hospitalidad, el conocimiento de los territorios, la creatividad, la calidad del servicio y el trabajo de millones de profesionales.
España necesita más vivienda. En eso existe un amplio consenso. También compartimos la necesidad de combatir la oferta irregular, reforzar la convivencia y garantizar que toda actividad económica se desarrolle dentro de la legalidad.