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Fecha
Opinión
28 Dic 2021

El momento de tomar decisiones

Debemos tomar decisiones no solo para consolidar la recuperación sino, también, para impulsar los cambios que necesita la economía española para contar con un modelo más fuerte y productivo, más sostenible y moderno, con mayor capacidad de adaptación

Presidente Garamendi

Antonio Garamendi

Presidente de CEOE

En febrero de 2006, nació elEconomista como nuevo periódico de información económica. Hace ya 15 años. Un corto periodo de tiempo dentro de la historia de España, pero, si echamos la vista atrás, esta ha sido una década y media intensa en muchos términos para nuestro país y para el mundo, con una sucesión de hechos que marcan dónde nos encontramos en la actualidad y los retos que tendremos que afrontar en el futuro.

¿Cómo era nuestro país hace 15 años? La España de 2006 supuso la consolidación de una década larga de crecimiento económico. Con un PIB que avanzó cerca de un 4% y una tasa de paro equiparable al promedio de la UE.

Un momento dulce, pero que también tenía puntos débiles, áreas necesitadas de mejora o de reformas de fondo. Por ejemplo, en materia de competitividad, de control de la inflación, de reducción de la temporalidad en el mercado de trabajo o en la sostenibilidad del sistema de pensiones, entre otros aspectos. Quince años después, algunos de estos asuntos siguen siendo asignaturas pendientes.

En este tiempo, la sociedad española ha vivido cambios acelerados. Pero, sobre todo, una crisis económica y financiera mundial como no se recordaba desde principios del siglo XX. También, hemos sufrido una pandemia sin precedentes en la Historia reciente que ha sido capaz de paralizar prácticamente la actividad económica en todo el globo.

Esta última crisis provocada por el Covid-19 ha tenido, ante todo, un alto coste humano. Pero también, esta pandemia ha tenido un fuerte impacto económico con consecuencias devastadoras sobre el tejido productivo.

Los empresarios hemos demostrado nuestra responsabilidad y nuestra generosidad. En los momentos más complicados de la crisis, hemos dado respuesta a las necesidades más inmediatas que tenía la sociedad, hemos colaborado con las Administraciones Públicas en el rastreo del virus y en el impulso a la vacunación (uno de nuestros éxitos como país). Hemos alcanzado una docena de acuerdos en el marco del diálogo social para paliar los efectos de la crisis.

A partir de primavera, nuestra economía ha ofrecido signos de recuperación. En parte, gracias a las medidas pactadas y a mecanismos como los ERTEs, el empleo se está recuperando a una velocidad poco habitual en anteriores crisis y la previsión es que cerremos el año con un crecimiento del 4,8%.

Es decir, la perspectiva es positiva aunque las expectativas para este año se han enfriado y se mantienen incertidumbres ante las que debemos estar atentos.

Debemos tomar decisiones no solo para consolidar la recuperación sino, también, para impulsar los cambios que necesita la economía española para poder contar con un modelo más fuerte y productivo, más sostenible y moderno, con mayor capacidad de adaptación ante los retos que vienen y con unas bases más sólidas.

Esto exige reformas de calado para corregir debilidades estructurales, aumentar nuestro crecimiento potencial, incrementar nuestra productividad, garantizar la sostenibilidad de las cuentas públicas y de las pensiones y mejorar nuestro modelo educativo y de formación. Exige, también, certidumbre y un entorno regulatorio estable para poder atraer las inversiones, con una norma de calidad, que dé certidumbre.

Es el momento de aprovechar como palancas de este cambio la transición digital y la verde o de sostenibilidad, que son imparables y que tenemos que convertir en oportunidades para ganar en competitividad, generar nuevos negocios y crear empleo. Debemos apostar por una reindustrialización, con un alto componente innovador y de valor añadido, y también por una formación adaptada a las nuevas necesidades del mercado de trabajo.

Para acelerar estos cambios, contamos con la oportunidad histórica que suponen los fondos europeos Next Generation EU con los que tenemos que trabajar de manera inteligente y aprovechando una serie de fortalezas que también hemos ido construyendo en estos últimos años: un sistema financiero sólido, empresas líderes a nivel internacional en sectores clave, un nivel de infraestructuras elevado y una buena competitividad exterior.

En este proceso de transformación, el papel del tejido empresarial es fundamental. Los empresarios españoles somos uno de los puntos fuertes de nuestro país, uno de los pilares. Con nuestra resiliencia y capacidad de adaptación, con nuestra visión de futuro, de captar oportunidades y nuestro espíritu emprendedor. Así como con nuestra capacidad para generar prosperidad y empleo. Lo llevamos demostrando durante años, así lo hemos hecho en esta crisis y seguiremos dando prueba de ello.

Mi enhorabuena a elEconomista por estos 15 años de vida, en los que nos ha acompañado a las empresas y al conjunto de la sociedad española en una etapa intensa y llena de cambios. Solo le puedo desear que lo siga haciendo muchos años más.

Publicado en el especial XV Aniversario de elEconomista

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