La reforma laboral de 2012 y los ERTES COVID, inspirados en su apuesta por la flexibilidad interna, demuestran su utilidad en la preservación y el crecimiento del empleo
Los datos de octubre con 159.478 cotizantes más y 734 desempleados menos merecen una valoración positiva, aunque marcada por la incertidumbre e inseguridad que acompaña este proceso de recuperación.
Por tercer mes consecutivo se rompe la tendencia habitual de caída del empleo tras el paréntesis estival, lo que evidencia la importancia del proceso de vacunación para el levantamiento de las restricciones y con ello la progresiva vuelta a la normalidad.
Por lo tanto, los datos constatan cómo el marco vigente de relaciones laborales está favoreciendo que la recuperación económica sea especialmente intensiva en empleo, como ponían de manifiesto también las cifras de la EPA del tercer trimestre que se conocieron la semana pasada. Así, la reforma laboral de 2012 y los mecanismos coyunturales de acompañamiento de la pandemia, especialmente los ERTES COVID, inspirados en la apuesta de aquella por la flexibilidad interna, se han demostrado útiles para la preservación y el crecimiento del empleo.
Por ello, el abordaje de la modernización del marco laboral debe ser fruto de un proceso de diálogo social sosegado, que responda a las necesidades de adaptabilidad de las empresas y de formación permanente de las personas trabajadoras para afrontar los desafíos de la digitalización y la ecologización de la economía, dos importantes transiciones que exigirán profundos cambios de los procesos productivos, de manera que se incremente la productividad del país, haciendo nuestra economía más competitiva y una recuperación más rápida y segura.
Sin perjuicio de que la afiliación ha crecido en el mes de octubre, no podemos ignorar que los últimos datos disponibles correspondientes al mes de septiembre evidencian el efecto tractor del sector público, continuando su tendencia creciente, con 217.388 cotizantes más que en septiembre de 2019, mientras que la afiliación en el sector privado en el mismo mes refleja una menor recuperación, con 9.728 personas menos que hace dos años, a las que habría que sumar 190.718 personas en ERTE.
A ello se une que el número de desempleados aún supera los 3,8 millones de personas si contabilizamos a los excluidos de las listas oficiales por estar realizando cursos de formación o ser demandantes de empleo con “disponibilidad limitada” o con “demanda de empleo específica”. Además, se mantienen 94.351 autónomos en cese de actividad y tenemos 30.846 empresas menos inscritas en la Seguridad Social que a finales de 2019.
Todos estos datos avalan que todavía queda camino por recorrer, especialmente en el sector privado, para alcanzar los niveles previos a la pandemia y la necesidad de cautela ante la incertidumbre futura y de seguridad, certeza y prudencia en las medidas de acompañamiento en la salida de la crisis para que la recuperación no se vea truncada.
En este contexto, procede evitar medidas tendentes a incrementar la presión de la tributación empresarial y a limitar la capacidad de adaptación de las empresas a los entornos globales y a las demandas que impone la digitalización y la ecologización, que podrían lastrar las decisiones empresariales e inversoras para impulsar la dinamización de la actividad económica y del empleo.
La directora de Empleo, Diversidad y Protección Social de CEOE, Rosa Santos, valora los datos del paro de este mes
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