23 jul 2020
Informe IEE

La recuperación económica no es posible sin confianza empresarial

El Instituto de Estudios Económicos destaca la elevada incertidumbre del actual panorama económico, con lo que cree que la salida de la crisis será más lenta que la caída y condicionada a recuperar la confianza empresarial. Según el Informe, la economía española se contraerá un 11% este año, recuperándose parcialmente el año próximo. Para este segundo trimestre se espera una caída intertrimestral del PIB superior al 15%. El camino hacia la consolidación presupuestaria está en la eficiencia del gasto y en la no subida de impuestos, siendo la peor decisión que podría tomar el Gobierno.

Investigación
©Dreamstime

Íñigo Fernández de Mesa y Gregorio Izquierdo, presidente y director general del IEE, respectivamente han presentado el Informe semestral de Coyuntura Económica ‘Crisis de la COVID-19 en la economía española: la recuperación no es posible sin confianza empresarial’. En el Informe se señala que la recesión económica mundial es una crisis conjunta de oferta y demanda, y por lo tanto especialmente compleja, que necesita soluciones desde ambas perspectivas y dimensiones. Por un lado, la crisis de la demanda, con la consiguiente pérdida de actividad y renta, era la más visible y urgente, y se ha intentado paliar con fuertes expansiones monetarias y fiscales. Y por otro, la crisis de la oferta, que es menos visible pero más importante, porque afecta a las posibilidades de producción de las empresas, y que sigue en buena medida sin resolverse, en cuanto que continúan las restricciones a la actividad, el encarecimiento de costes operativos y se han de recuperar las pérdidas sufridas.

 

Por ello, la recuperación será, desgraciadamente, más incierta y lenta que la caída. Su salida está sujeta a fuertes incertidumbres, entre otras la resolución definitiva del problema sanitario, que condiciona la normalización. Por otro lado, como consecuencia de las políticas implementadas, estamos acumulando aún mayores desequilibrios de deuda (política fiscal) y de excesos de liquidez (política monetaria), que pueden condicionar la eficacia de estas políticas de demanda y, por lo tanto, la velocidad de la recuperación. Y por último, a pesar de estos extraordinarios estímulos, la salida todavía no está garantizada, ya que, ante una crisis doble de demanda y oferta, esta respuesta política basada más en la demanda o gasto que en la oferta o posibilidades de producción, puede ser útil para estabilizar la economía pero insuficiente, basta con ver las estadísticas ya conocidas de desaparición de empresas y las que veremos en los próximos trimestres de pérdidas sufridas, con el consiguiente deterioro de solvencia y de confianza empresarial que inevitablemente lastra el ritmo de la recuperación.

 

La economía española con la COVID-19

España ha sido uno de los países más afectados por la crisis de la COVID-19 por varios motivos: por nuestra estructura productiva, con sectores de servicios y proximidad que son los más afectados (el turismo, hostelería, comercio, transporte), por el mayor peso de la pequeña empresa con menor capacidad de superar esta crisis; por nuestro mayor confinamiento y duración de las restricciones; y por nuestra menor libertad económica y libertad de empresa, entendida esta como mayores rigidices y cargas para poder adaptarse a la nueva situación y que se materializan, principalmente, en mayores rigideces de nuestro mercado de trabajo y un menor margen de maniobra de la política fiscal.

 

De este modo, el IEE estima que la economía española se contraerá un 11% en 2020, esto es, trece puntos porcentuales menos que la variación experimentada en el año anterior, recuperándose tan solo parcialmente en 2021, en donde el crecimiento de la producción se establecerá en el 5,5%. Esta crisis también tendría un efecto negativo sobre la evolución del mercado de trabajo. La aplicación de los ERTE ha posibilitado minorar el impacto sobre el empleo, pero, a pesar de ello, se prevé una elevación significativa de nuestra tasa de desempleo, para 2020, de hasta el 20,5% y del 22% en 2021.

 

La evolución de la inflación durante los dos próximos años se verá determinada por la debilidad de la demanda, por el bajo nivel de utilización de la capacidad productiva, así como por la evolución del componente de los precios de la energía. El IPC se encuentra hundido por la grave situación que estamos viviendo, manteniéndose nula la variación anual durante este año y repuntando hasta el 1,2% en 2021.

 

Respecto al aumento del gasto público, motivado por los efectos de la crisis (gasto sanitario y prestaciones por desempleo), así como por el aumento del gasto estructural, el IEE prevé que el déficit público se sitúe en el 11,5% en el presente ejercicio y que se reduzca hasta el 7,5% en 2021.

 

Recomendaciones del IEE sobre política económica

En un contexto donde nuestra deuda pública y nuestra deuda externa son ya muy elevadas, lo último que necesitamos es alimentar un clima de incertidumbre (institucional, político o económico) que provoque no solo que no atraigamos el capital necesario, sino también una fuga del ahora existente, y que se trasladaría a nuestra prima de riesgo en forma de un fuerte incremento y lastraría, asimismo, la financiación de nuestro sector privado, en una de las manifestaciones del famoso efecto expulsión.

 

El IEE subraya que el camino hacia la consolidación presupuestaria está en la eficiencia del gasto y no en las subidas de impuestos, ya que sería la peor decisión que puede tomar el Gobierno en este momento. Un aumento de los gravámenes supondría retardar, cuando no imposibilitar, las posibilidades de recuperación de nuestro país, deprimiendo la oferta productiva y el consumo, justo lo contrario de lo que necesitamos, y deteriorar las expectativas de los agentes con respecto a la credibilidad de las cuentas públicas, provocando una degradación de la confianza, que es el pilar fundamental sobre el que apoyar la recuperación.

 

La única manera de aumentar de forma sostenible nuestra recaudación impositiva pasa por priorizar la recuperación económica y reducir nuestra economía sumergida, lo cual es materialmente imposible si elevamos aún más nuestros impuestos. De este modo, intentar cerrar la brecha de recaudación con Europa mediante subidas normativas de impuestos de hasta seis puntos sobre el PIB, no solucionaría el problema de la sostenibilidad fiscal a medio plazo, en cuanto que podrían provocar una contracción de la actividad de hasta 10 puntos de PIB y una destrucción del orden de 2 millones de empleos.

 

Por último, indicar que la llegada de los fondos de reconstrucción europeos va a constituir una oportunidad histórica, por lo que debemos intentar que alcancen a aquellas actividades con mayor potencial de recuperación y que puedan servir de palanca al resto de la economía: ya sea porque son las que más han sufrido, por su posición relativamente más sólida, porque tienen un mayor efecto arrastre o porque coinciden con las determinadas como prioritarias por la propia Comisión Europea, como son, por ejemplo, la transición ecológica o la digitalización.

Ver informe completo