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13 mar 2018
ipc

La aceleración de la inflación subyacente impulsa la tasa del índice general hasta el 1,1%

La inflación general, tal y como CEOE venía adelantando los meses anteriores, ha tendido a aproximarse a la inflación subyacente a medida que la aportación al incremento de los precios generales del componente energético se ha ido reduciendo.

Carburantes
©Dreamstime

Destaca en este periodo el repunte de la inflación subyacente hasta el 1,1%, con mayores incrementos de precios en todos sus componentes, pero especialmente en Servicios.

Durante los próximos meses, de mantenerse los precios del petróleo en los niveles actuales (65,2 $/barril en lo transcurrido de marzo), se espera que la inflación continúe aumentando, indica CEOE en su valoración del IPC.

En el mes de febrero, la tasa interanual del Índice de Precios de Consumo (IPC) se aceleró cinco décimas hasta el 1,1%. La inflación subyacente se elevó hasta el 1,1%, tras mantenerse estable en el 0,8% desde el pasado noviembre, por lo que se sitúa en línea con el IPC general. Esta evolución se debió fundamentalmente al aumento de los precios del grupo de Vivienda, influidos por el aumento del precio de la electricidad, aunque este se vio ligeramente compensado por el descenso del precio del gas y gasóleo para calefacción, y al incremento del precio en determinados Servicios como los paquetes turísticos o los servicios empaquetados de telefonía.

Analizando los componentes de la inflación subyacente, se observa que todos sus componentes han repuntado en este periodo. Así, los precios de los Bienes industriales sin productos energéticos registraron una tasa de variación del 0,0%, frente al descenso de dos décimas en el mes anterior, y los de los Servicios aceleraron cuatro décimas su ritmo de variación hasta el 1,7%. También los precios de los Alimentos con elaboración, bebidas y tabaco aceleraron tres décimas hasta el 1,4%.

Los precios de los Alimentos sin elaboración aumentaron un 0,3% interanual, moderando su incremento interanual de forma muy notable en los dos últimos meses, desde el 2,6% registrado en diciembre. Entre las causas destacan el descenso en estos meses del precio de las legumbres y hortalizas, las patatas y sus preparados, el azúcar y la leche.

Durante los últimos meses se ha moderado notablemente el diferencial de precios del petróleo con el año anterior, registrando una significativa desaceleración el componente de  Productos energéticos. En concreto, en febrero la tasa interanual de los precios de los productos energéticos fue del 1,4%, ligeramente por encima de la inflación y ya por debajo de los incrementos registrados en otros componentes como los Servicios. 

El precio del petróleo en febrero mostró cierto descenso desde los 69,3$/barril de promedio de enero hasta 65,1$/barril. Este precio supone un incremento del 19,5% con respecto a febrero de 2017, aunque debido a la apreciación del tipo de cambio, el incremento en euros ha sido tan solo del 3,0%. Esta moderación se ha visto reflejada en el precio de Carburantes y combustibles que se han incrementado un 1,8%, frente al 3,9% del mes anterior. En lo transcurrido de marzo el precio del petróleo se ha mantenido en torno a 65$/barril, que de continuar así supondría un alza del 27,1% en dólares y del 10% en euros.

De estabilizarse los precios del petróleo en los niveles actuales, la influencia de la energía en la evolución de los precios será más intensa en los próximos meses de 2018, por lo que la inflación, podría incrementarse unas décimas. Además, en marzo se prevé cierto repunte en los precios de los servicios turísticos por el efecto Semana Santa que este año será en el mes de marzo y en 2017 fue en abril.

El Índice de Precios de Consumo Armonizado se sitúa en el 1,2% en febrero, cinco décimas más que en el mes anterior, mientras que el índice promedio de la Unión Económica y Monetaria disminuye una décima hasta el 1,2%. Con este dato, el diferencial con la Zona Euro se ve anulado y previsiblemente se tornará positivo en los próximos meses si se incrementa el impacto de los precios energéticos.

No obstante, conviene recordar que cualquier deterioro de la competitividad tendrá un efecto en el crecimiento de la economía española. Por ello, se debe continuar con la moderación salarial para seguir consolidando la recuperación gracias a mejorar la competitividad y favorecer la creación de empleo.