Universidad y empresa

Artículo de Jesús Núñez, presidente de la Comisión de Educación y Gestión del Conocimiento de CEOE, en EL ECONOMISTA

El sistema universitario español, si bien goza de una salud media aceptable, sigue necesitando profundas reformas que lo posicionen al lado de las universidades más importantes en el mundo. La lectura de la mayoría de informes que se realizan en España o que suscriben organismos internacionales y el análisis de los principales rankings confirman esta necesidad de evaluación de estas instituciones de educación superior para proceder a los cambios necesarios.

En este proceso de continua reflexión y propuestas de cambios, las empresas y las organizaciones empresariales también quieren participar. Entendiendo que el conocimiento generado por las universidades es considerado un bien al servicio del desarrollo económico y social de su entorno, por tanto de toda la sociedad, hay una serie de cuestiones que se podrían mejorar.

El papel de las universidades en el siglo XXI debe apostar por la elaboración de la investigación aplicada y enfocada al desarrollo económico y social del entorno, teniendo en cuenta la innovación y el avance tecnológico, ejes centrales del Espacio Europeo de la Investigación y elementos, sin duda, muy importantes para el ámbito empresarial. Se requiere la cooperación con otras instituciones nacionales o internacionales, fomentando la movilidad de sus miembros, así como la permanente actualización de los planes y programas de estudio universitarios con respecto a las necesidades de los diferentes sectores empresariales, siendo la empleabilidad de los estudiantes la principal beneficiaria.
Es crucial, por tanto, profundizar en esta relación existente entre las universidades y las empresas, teniendo en cuenta, como mínimo, las siguientes premisas.

En cuanto a los contenidos formativos, es necesario flexibilizarlos para dar respuesta a las demandas empresariales y sociales, con la finalidad de que respondan a los cambios que la sociedad del conocimiento genera con rapidez, fomentando la experiencia laboral durante el periodo formativo en todas las carreras y especialidades. En esta línea, es imprescindible establecer mecanismos que permitan vincular parte del éxito/expediente académico a la existencia de una masa crítica en conceptos tales como investigación, innovación o creatividad.

Creemos, por tanto, ineludible contar con las organizaciones empresariales a la hora de actualizar el diseño curricular de los grados y postgrados, con la finalidad de prestar mayor atención a la definición de los perfiles profesionales de cada titulación, en base a las funciones profesionales que los graduados deben desarrollar en los entornos de desempeño laboral.

Respecto a la investigación, se debe fomentar y premiar la I+D+I. La universidad tiene que convertirse en una herramienta para fomentar las ideas, el talento y la creación, así como para impulsar el desarrollo social y económico de su entorno. Han de establecerse los mecanismos para que desde la universidad, en colaboración con otras instituciones y/o empresas se puedan guiar, desarrollar y evaluar los proyectos que estratégicamente sean más rentables.

Concretamente, en la preocupación que tenemos de apostar por la actividad empresarial, deben crearse laboratorios virtuales de ideas para el emprendimiento, como experiencia previa al mercado laboral, en la que los estudiantes puedan presentar sus iniciativas de proyectos, empresas o ideas.

En relación a los profesores, deben generarse los mecanismos para garantizar el acceso de profesionales nacionales y extranjeros de alto reconocimiento en cada una de sus disciplinas, promoviendo la contratación por méritos y la evaluación permanente de las actividades docente y de investigación.
Específicamente entendemos que han de tener una formación determinada para ser capaces de inculcar a sus estudiantes las competencias y los valores propios del emprendimiento, la innovación empresarial y la imagen real del empresario.

En cuanto a la gestión, la autonomía universitaria debe entenderse como la capacidad de ordenación de sus instituciones, con la finalidad de alcanzar el objetivo de sus funciones al servicio de la sociedad y los sectores empresariales. Para ello es necesario mejorar, flexibilizar y dotarla de mayor transparencia, así como impulsar los criterios de rendición de cuentas y resultados, con la finalidad de facilitar la realización de convenios de colaboración.

Dentro del Sistema Universitario Español, el gobierno universitario debe realizarse con la participación de miembros externos a la comunidad universitaria, siempre contando, en este caso, con la participación de los representantes empresariales. Por ello, es imprescindible la participación de éstos en el órgano consultivo de la Administración Pública en el ámbito universitario denominado Consejo de Universidades.
Finalmente, es indispensable determinar niveles de calidad de las actividades de docencia, investigación y transferencia de conocimiento e innovación, con la finalidad de proporcionar indicadores medibles de los mismos y así continuar con el proceso de mejora continua de las universidades, para mejorar el servicio que prestan a la sociedad española.

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