Un futuro esperanzador en la sociedad digital

Artículo de Julio Linares, presidente de la Comisión de Sociedad Digital de CEOE, en ABC EMPRESA:

En los últimos años hemos asistido a una profunda transformación de nuestra sociedad, empezando por la forma en que se organizan y se relacionan las personas, las empresas y las diversas administraciones y entidades. La profundidad de este cambio está teniendo un más que significativo impacto en la economía y el empleo, modificando de manera importante las relaciones laborales.

Es cierto que a lo largo de la historia hemos asistido a cambios similares. Sin embargo, nunca antes estos cambios se habían producido de una forma tan rápida como ocurre en el momento actual, donde la evolución exponencial de la tecnología marca el ritmo con el que nos acercamos al futuro.

Desde CEOE consideramos que estos cambios plantean un futuro esperanzador, donde la tecnología contribuirá a mejorar y potenciar las habilidades de los seres humanos, coadyuvará a la creación de empleo, al aumento de la riqueza y a mejorar las condiciones de vida y de trabajo.

Según las previsiones recogidas en el Plan Digital 2025 elaborado por nuestra Comisión de Sociedad Digital, la puesta en práctica de las medidas que planteamos supondría, en el horizonte del año 2025, un incremento en el nivel de digitalización de la sociedad española, lo que tendría un impacto positivo tanto en el crecimiento económico del país a nivel de PIB como de empleo.

Como en todo cambio, existen, por un lado, medios que facilitan el proceso y, por otro, barreras o frenos que pueden dificultarlo. Una buena gestión de unos y otros determinará la capacidad para sucumbir ante la ola de cambios o adaptarnos y salir reforzados.

Uno de los elementos que hemos identificado en el Plan Digital 2025, en el apartado de facilitadores digitales, es el empleo de robots y los procesos de automatización.

Si bien es algo que en muchas industrias se viene utilizando desde hace años, los avances tecnológicos han permitido el desarrollo de toda una nueva generación de este tipo de herramientas, con tamaños más adecuados, nuevas prestaciones y precios más asequibles. Hoy en día, en algunas aplicaciones, un robot puede amortizarse en 1,5 años. Cada día se utilizan más en múltiples aplicaciones, incluida la automatización de las cadenas de producción, lo que ofrece una importante oportunidad de reindustrialización.

El impacto de la robótica se traduce en proporcionar sostenibilidad a las plantas de producción, mejorando la productividad y la calidad del producto fabricado y reduciendo los costes. En términos numéricos, algunos datos señalan que, entre los años 1993 y 2016, la inversión en robótica ha contribuido a incrementar cerca de un 10% el PIB per cápita de los países de la OCDE.

No obstante, no podemos obviar que las máquinas sustituirán muchas funciones que efectúan actualmente los humanos, tanto en actividades repetitivas como en actividades cada vez más complejas soportadas por inteligencia artificial, pero habilitarán otras muchas gracias a que los humanos podrán apoyarse en estas máquinas, que potenciarán sus capacidades y productividad.

De esta manera, la automatización seguirá teniendo repercusiones positivas a largo plazo, pues permitirá reducir o eliminar actividades repetitivas y peligrosas.

Con todo ello es posible imaginar un mundo en el que las máquinas se utilizarán con mucha mayor intensidad, planteando una mayor colaboración entre estas y los seres humanos, sin olvidar que el pensamiento creativo seguirá siendo del dominio humano.

En el futuro, se debe procurar una relación simbiótica entre las personas y las máquinas porque se van a necesitar menos manos y más cerebros, con la correspondiente transformación del modelo de trabajo.

A grandes rasgos, con carácter general, la mitad de las actividades o tareas actuales podrían ser realizadas por máquinas en un futuro no muy lejano, lo que puede generar cierta inquietud, sobre todo por el miedo que produce el desconocimiento de lo que viene y de sus impactos. Pero la mejor forma de protegerse es actuando para gestionar óptimamente sus implicaciones.

Aquí la formación es el elemento clave, siendo necesario realizar un seguimiento y estudio permanente de la demanda de las cualificaciones profesionales y de su evolución en los diferentes sectores productivos. No se puede seguir formando para un mundo que ya no existe. La educación debe adaptarse a la realidad.

Por este motivo, el proceso formativo no debe centrarse solamente en el uso de las tecnologías, sino también en su interpretación, es decir, en el desarrollo de las capacidades para identificar cómo esta tecnología puede ser aplicada para dar respuesta a los grandes retos a los que se enfrenta nuestra sociedad.

Todo ello requiere, además, un entorno normativo estable y perdurable en el tiempo, para lo cual resulta necesario, tal y como planteamos desde CEOE, disponer de un Plan para la Digitalización de la Sociedad Española; haciendo, así, que la digitalización se sitúe como una prioridad en la agenda política, social y económica del Gobierno.

 

 

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