Treinta años de avances

 Artículo de Juan Rosell en el Especial del 30 Aniversario de EXPANSION.

Muchas felicidades al diario Expansión por su treinta aniversario y enhorabuena a todo el equipo que ha hecho posible, a lo largo de estas tres décadas, que Expansión sea un referente en la información económica y financiera. Sus páginas, en estos años, se han convertido en una lectura imprescindible para el mundo empresarial.

Durante los últimos treinta años la economía mundial y la española, en particular, han experimentado un buen número de cambios trascendentales que nos han permitido lograr una mejora sustancial de nuestros niveles de vida. Sin duda, la mayor apertura comercial, la creciente integración económica con los países europeos y la liberalización paulatina de la economía, han servido de base para impulsar nuestro crecimiento y desarrollo económicos.

También es importante destacar la contribución de las empresas españolas para lograr estos grandes avances económicos y superar las sucesivas crisis, a través de su esfuerzo de modernización, su capacidad de adaptación y su apuesta por la formación, la investigación, la innovación y la internacionalización.

Tomando como punto de partida, 1986, hemos de recordar que el producto interior bruto de nuestra economía equivalía a 210.644 millones de euros. Desde entonces ha crecido hasta situarse en 1.081.190 millones de euros en 2015. En términos reales, el aumento de nuestra economía ha sido muy importante. Más que en los principales países de nuestro entorno. Así, el crecimiento promedio real de España, durante este periodo, fue de un 2,5% anual, por encima del de Reino Unido (2,3%), Alemania (1,8%), Francia (1,8%) e Italia (1%). Asimismo, el mercado de trabajo, a pesar de los efectos de la crisis, ha registrado un incremento del número de afiliados a la seguridad social, que ha pasado de los 10,5 millones en 1986 hasta los 17,5 millones actuales.

Una parte sustancial de los cambios experimentados por España han venido de la mano de la mayor integración de la Unión Europea, que ha estado marcada por dos grandes hitos. Por un lado, la firma del Tratado de Maastricht que supuso la puesta en marcha de la unión monetaria, apoyada en el establecimiento de unos criterios macroeconómicos y unas estructuras dirigidos a promover la convergencia económica y a mejorar el funcionamiento de las finanzas públicas.

Por otro, la creación del mercado único europeo, que permitió que las fronteras comerciales de las empresas españolas se ampliaran considerablemente, creciendo los retos, pero también las oportunidades. Como resultado, la presencia de las empresas españolas en el exterior se ha multiplicado en estos años y, por ejemplo, en el año 2000 exportaban en torno a 66.000 empresas y ahora lo hacen 150.000.

A nivel nacional, se han ido adoptando un gran número de normas dirigidas a modernizar nuestras estructuras económicas, reducir el nivel de intervención en sectores estratégicos y favorecer que las empresas privadas desempeñen un papel más relevante. En cualquier caso, el desarrollo normativo a lo largo de los últimos años, ha derivado en un entramado legislativo profuso, complejo y, en muchos casos, divergente.

Recientemente, hemos experimentado una grave crisis derivada de la acumulación de desequilibrios muy elevados en aspectos como la deuda privada, la deuda exterior o la pérdida de competitividad.

Por ello, una vez inmersos en la crisis, se impulsó un proceso de reformas estructurales para corregir la situación de la economía española. Gracias a estas reformas, así como a acuerdos de gran relevancia firmados por los interlocutores sociales (como el II y III AENC), ya podemos hablar de recuperación, con datos como el del crecimiento del 3,2% del PIB de 2015 o en el aumento en casi un millón de empleos creados entre finales del 2013 y finales del 2015.

En cualquier caso, aún quedan muchos retos pendientes de resolver. Entre ellos destacando dos, el elevado nivel de desempleo y la dificultad para corregir el déficit público.

Para afrontar con garantías estos dos grandes problemas de la economía española necesitamos contar con un marco normativo proclive a las empresas y que permita a las mismas dar respuestas rápidas a sus necesidades y a las demandas del mercado.

Para seguir progresando y transformando la economía española, como lo hemos hecho durante los últimos 30 años, necesitaremos una mejora de la regulación dirigida a eliminar obstáculos a la creación de empresas y a su vida diaria, a favorecer la atracción de inversión exterior y reducir el nivel de litigiosidad. Además, se debe avanzar más en la reforma de las Administraciones Públicas para eliminar aquellas estructuras duplicadas o ineficientes y dejar paso a una mayor presencia del sector privado para gestionar eficientemente determinados servicios públicos.

En definitiva, tareas muy importantes aún pendientes, que requieren estabilidad institucional y horizonte temporal, coherencia en las políticas económicas y sociales, cumplir nuestros compromisos como la mejor manera de crear confianza y atraer inversión extranjera y, especialmente, hacer números para estar seguros de que las propuestas son realizables y no creen falsas expectativas.

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