Obama, Báñez y Valerio

Artículo de Francisco Aranda, vicepresidente portavoz de la Confederación Empresarial de Madrid (CEIM) publicado en ABC EMPRESA:

os datos ya ratifican el temor que viene anunciando CEIM de que el empleo se desacelera y tenemos que tomar decisiones antes de que sea demasiado tarde. El año pasado hemos seguido generando empleo, pero menos que en 2017, y hemos reducido la tasa de desempleados, pero también menos que en el año anterior. Al mismo tiempo, las previsiones para este año siguen la misma línea de frenazo en el crecimiento. El debate parece que quiere centrarse en cuántas décimas reducimos las previsiones y cómo llamamos al proceso o quién tiene más culpa, pero a los empresarios de Madrid lo que nos interesa es que no perdamos el tiempo y se adopten cuanto antes políticas que extiendan la fase expansiva del ciclo y vuelvan a estimular con vigor la contratación porque aún hay muchas personas fuera del empleo.

Además, nos preocupa la pérdida de competitividad de las empresas, porque detrás de ella aparece el paro. La afiliación del último trimestre de 2018 creció el 3%, mientras que en 2017 fue el 3,5%, pero además el PIB creció ese trimestre el 2,5%. Por lo tanto, no sólo es que la velocidad de crear puestos de trabajo se desacelera, sino que las empresas también pierden competitividad que es la llave no sólo de la creación de empleo, sino también de los incrementos de salarios sostenibles.

El presidente Barack Obama lo dejó claro en su histórico discurso de posesión del 20 enero de 2009 en Washington: «Han sido los arriesgados, los proactivos, los emprendedores -a veces reconocidos, pero, con mayor frecuencia hombres y mujeres con labores invisibles- quienes nos han llevado por el largo y escabroso camino hacia la prosperidad y la libertad».

Es decir, la clave del bienestar de un país está en la facilidad de generar empresa y de crear riqueza y empleo, y para ello los gobiernos tienen mucho que decir porque con sus políticas son capaces de ponerlo fácil o de colocar piedras en el camino. Entre los empresarios de Madrid existe una enorme preocupación con dos aspectos que inciden de inmediato en el mercado de trabajo: la política laboral y la fiscalidad. La reforma laboral que puso en marcha Fátima Báñez, y que CEIM valoró como positiva desde el primer momento, probablemente no se supo explicar bien, pero es evidente que frenó miles de despidos y generó empleos en un contexto muy complicado y ya hay estudios econométricos que así lo demuestran (OCDE). Probablemente ha sido la titular de la cartera de Empleo que más se ha basado en estudios económicos y en datos para tomar decisiones.

Ahora nos enfrentamos a un contexto muy diferente, en el que necesitamos -primero- adoptar nuevas reformas y -segundo- tratar de que vayan en la buena dirección. La evidencia empírica transmite que si queremos seguir engordando la afiliación, y aumentar los salarios, hay que avanzar en la línea de la mayor flexibilidad para las empresas, dentro de un marco de seguridad en el empleo, que no en el puesto de trabajo, para el empleado, y con costes laborales, que no salariales, bajos. Si Magdalena Valerio avanza en ese camino de la competitividad volveremos a ser los primeros en valorar positivamente su gestión porque será bueno para todos.

Pero en un clima con clara desaceleración basado en incertidumbres en el comercio internacional, previsión de reducción en la liquidez y aumento del coste energético, a lo que hay que sumar nuestras cuitas internas, el hecho sólo de anunciar incrementos en los costes de las empresas o intentos de voladuras a reformas que se han demostrado eficaces significa frenar tanto la inversión como el consumo. Subir las cotizaciones sociales, que son un impuesto al empleo, limita la contratación. Además, si se hace con los perfiles más altos, estamos diciendo a gritos que es más caro contratar a un ingeniero aquí en España que en cualquier otro país vecino.

Por otro lado, incrementar de forma unilateral el SMI refleja muy buenas intenciones, pero poco conocimiento de sus consecuencias porque si no va acompañado de ganancias de productividad el efecto es que crea paro y favorece la antisocial economía sumergida. Y respecto a los Presupuestos Generales del Estado solo hay algo peor que no poder contar con ellos y es aprobar unos que sean lesivos para la actividad económica.

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