Las empresas necesitan flexibilidad

Artículo de Francisco Aranda Manzano publicado en ABC EMPRESA:

Detrás de expresiones tan cursis como «soft landing» o desaceleración sincronizada existe una realidad que todos entendemos y es que se está reduciendo la fortaleza de nuestra economía y su primera consecuencia está siendo que se frena la creación de puestos de trabajo. El INE nos acaba de reconfirmar esta situación cifrando el crecimiento de nuestra economía el año pasado en el 2,6%, es decir, cuatro décimas menos que el año anterior. A eso hay que añadir una nueva alerta y es que la inversión, principal vector generador de empleo futuro, se ha frenado.

Desde luego que siempre existen trucos para que las comparativas salgan positivas o menos negativas, pero los números son contundentes y no reconocer la realidad desde luego que no la elimina (como ya pudimos experimentar hace solo unos pocos años). A ello hay que añadir que en España durante los últimos meses se han incrementado a las empresas los impuestos y cotizaciones sociales y esa es una mochila que preocupa en CEIM de cara a hacer frente a la compleja situación que tenemos por delante y que todos conocemos (guerras comerciales, debilitamiento de vientos de cola, Brexit, frenazos en economías europeas, incertidumbres políticas, transformación digital, etc.).

Para que las empresas puedan fortalecer su capacidad de generación de trabajos es fundamental que no se las sobrecargue con nuevos pesos porque nuestro tejido productivo no lo aguanta todo. Dicho de una forma más contundente, ordeñar de forma intensiva a las empresas tiene un tope. Si queremos seguir obteniendo buenos recursos de ellas, es mejor generar un entorno favorable y tratar de aumentar la cabaña. La política económica basada en elevada presión fiscal, como la actual, desincentiva la creación de nuevas empresas, obstaculiza el crecimiento de las existentes y envía a muchas de ellas a la economía sumergida como forma de subsistencia.

El segundo factor tiene que ver con la movilidad interior de la empresa. Si se limita la capacidad de adaptación de las organizaciones a la demanda se estará frenando su crecimiento y, posteriormente, su supervivencia, condenando a mucha gente al paro. Pero aportando una flexibilidad razonable estaremos dotando a las empresas de capacidad para aprovechar oportunidades y, por lo tanto, para generar riqueza y empleo.

En este sentido, no parece razonable, y de hecho no lo es en ningún país de la UE, que la reducción de jornada para un padre/ madre sea de 12 años, periodo en el que se elimina cualquier posibilidad de flexibilidad organizativa con ese trabajador. Tendríamos que pensar si no es más sensato, por ejemplo, aumentar la baja por paternidad/ maternidad y que esa medida social de conciliación esté a cargo de todos los ciudadanos, ya que todos estamos a favor de las políticas de progreso. Cuanto más aumentamos la flexibilidad de un mercado de trabajo, más seguro se va convirtiendo porque hay más empleos, y esa seguridad es una necesidad razonable de los trabajadores para poder organizar un proyecto de vida.

Por otro lado, los empresarios de Madrid (CEIM) estamos lógicamente a favor de apostar por políticas pasivas de empleo que garanticen recursos a aquellos que no puedan (diferenciar de los que no quieran) incorporarse al mundo laboral, pero antes merece la pena invertir en políticas activas de empleo, contando con la iniciativa privada, que son las que dotan a las personas de habilidades y competencias profesionales para obtener trabajo. En este capítulo llevamos ya demasiado tiempo sin una estrategia clara. Es preocupante, por ejemplo, el hecho de que nos estamos quedando atrás en la generación del talento digital que sabemos que vamos a necesitar. Nuestras universidades proveen solo unos 45.000 titulados TIC al año, casi la misma cifra que hace seis años. Alemania, por su parte, ha pasado de 120.000 a 160.000 titulados en TIC, en el mismo periodo. Repetimos hasta la saciedad que el futuro es digital y sabemos que la innovación es productividad para las empresas, pero no parece que se esté actuando en consecuencia.

En cuanto a las políticas de inserción para desempleados se echa de menos una estrategia solvente que mida su eficacia real y que exige segmentar a estos colectivos para diseñar planes mucho más personalizados.

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