La urgente necesidad de un pacto nacional del agua

Artículo de Juan F. Lazcano Acedo publicado el 24 de enero de 2018 en el diario Expansión

El agua siempre ha sido, y seguirá siéndolo aún más, una cuestión transcendental en nuestro país. En primer lugar, por nuestras condiciones climatológicas y por nuestra diversidad orográfica. Las diferentes características geográficas, geológicas e hidrológicas de nuestro territorio hacen de España uno de los países de la Unión Europea con mayor estrés hídrico. Más del 70% de nuestra superficie se encuentra bajo estrés hídrico severo y hay importantes problemas de déficit hídrico estructural en algunos territorios. Pero, por otra parte, tenemos que hacer frente a situaciones de inundación, siendo por tanto también necesario incidir en la prevención de este riesgo. Debemos observar la incidencia y las consecuencias del cambio climático, realidad que nos debe llevar a pensar en la adaptación y resiliencia de las infraestructuras para prevenir situaciones no deseadas y minimizar los efectos adversos.

Pero además es trascendental para nuestro país por la indispensable y creciente utilización de este recurso en el desarrollo de nuestra economía, por el impacto que supone en su consumo el número de turistas que nos visitan y por la atención que requiere su gestión integral en núcleos urbanos, si queremos cumplir con la legislación europea.
Desde el sector hemos denunciado el insuficiente nivel de inversión pública en infraestructuras hidráulicas que venimos padeciendo en los últimos años. Paliar el déficit de infraestructuras actuando en el abastecimiento, el tratamiento, la distribución y la gestión o regulación del agua, debe ser un objetivo urgente en nuestro país. La inversión pública en agua genera indiscutiblemente un retorno extraordinario en términos sociales (pensemos en la generación de empleo y en la calidad de vida de los ciudadanos), en términos fiscales y económicos y en términos medioambientales.

Estamos ante un bien escaso pero vital, de creciente valor. Por consiguiente, es imprescindible una planificación y gestión inteligente y eficiente, proyectada pensando en el medio y largo plazo y sostenible en el tiempo, tanto en el plano de las decisiones políticas como en el plano de la inversión.

El Pacto Nacional del Agua puede ser esa oportunidad. El impulso a la inversión debe ser una de sus prioridades, en obra nueva y en renovación de infraestructuras existentes, porque queda mucho por hacer.

Respecto al abastecimiento, la caída de la inversión en infraestructuras y en su mantenimiento ha tenido como consecuencia el deterioro de la red existente. Es, por tanto, imprescindible actuar en este ámbito a través de la construcción y mejora de infraestructuras ad hoc y poniendo el foco de atención especialmente en solventar el problema de las pérdidas en la red.

En cuanto al tratamiento, el cumplimiento de la directiva de depuración de aguas residuales urbanas, con plantas de tratamiento y depuración, exige un esfuerzo inversor que nuestro país no debe demorar más, teniendo en cuenta los expedientes de infracción abiertos por la Unión Europea.
La eficiencia en los sistemas de riego y la conducción de agua hacia zonas donde puede incrementarse la productividad del sector agrícola, son también líneas clave de actuación.

Es, asimismo, crucial la mejora de la gestión integral y aprovechamiento de caudales, así como el refuerzo de la prevención del riesgo de sequías e inundaciones, actuando en conexiones de cuencas y embalses. La gestión integrada del conjunto de recursos hídricos, convencionales y no convencionales, con una visión amplia a escala nacional, debe ser la base para atender los problemas de déficit hídrico estructural que se dan en algunas zonas de nuestro país.

Las empresas españolas del sector están capacitadas técnicamente para dotar a nuestro país de las infraestructuras que se requieren, de esto no hay ninguna duda, con tecnología e innovación, con prestigio reconocido a nivel internacional. Si hablamos, por ejemplo, del ciclo integral del agua, resulta paradójico que las empresas españolas sean líderes mundiales en el desarrollo de proyectos en el exterior (somos líderes a nivel europeo y segundos a nivel mundial en agua reutilizada) y, sin embargo, aquí no contamos aún con las infraestructuras que deberíamos tener para estar cumpliendo con la normativa comunitaria.

En todo caso, a la hora de abordar el reto del agua, debería hablarse también del papel de la colaboración público-privada y las premisas necesarias para que este modelo pueda desplegar su potencial. Debería hablarse del coste real del agua y de su precio. Y debería hablarse de su gobernanza, según el esquema de competencias de las distintas administraciones públicas, pues se observan disfunciones en el actual marco, las cuales habría que resolver.

Para todo ello se hace imprescindible que los diferentes grupos políticos fijen entre sus prioridades el objetivo de conseguir un gran Pacto Nacional del Agua. Solo desde el consenso y desde una visión de Estado compartida por todos será posible hacer frente a este enorme desafío.

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