La relevancia de la financiación en el momento actual para las empresas

Artículo de Antonio Garamendi, presidente de CEOE, en la revista IBERAVAL:

 

La financiación tradicional ligada al sector bancario ha sido y será fundamental para el desarrollo de nuestra economía. El esfuerzo de recapitalización y saneamiento realizado por el sector financiero español ha sido encomiable, y ha permitido, junto con el proyecto a escala europea de creación de la Unión Bancaria, todavía incompleta, que se reduzca la fragmentación financiera en la eurozona y mejoren las condiciones de financiación de las empresas españolas.

 

La amplia complejidad y diversidad de proyectos empresariales, con diferentes combinaciones de riesgo, horizonte temporal y necesidades de fondos requieren del mayor abanico posible de alternativas de financiación que se adapten a las propias circunstancias de cada empresa y a la diferente naturaleza de sus proyectos. En ocasiones, proyectos de crecimiento y renovación empresarial que resultan viables económicamente, no pueden acometerse debido a la ausencia de garantías suficientes que permitan a las entidades financieras conceder la financiación y cumplir, al mismo tiempo, con los requerimientos de capital regulatorio que impone la normativa de solvencia europea. Por ello, resulta especialmente loable la función de aquellos mecanismos que reducen la asimetría de información que caracteriza a los mercados crediticios, como sucede, entre otros, con la operativa de las sociedades que aportan avales y reafianzamientos.

 

En los años recientes, y en contraste con el restrictivo entorno que se desencadenó tras la llegada de la crisis, las empresas han venido experimentando una paulatina mejora en sus condiciones de financiación. Así, los volúmenes totales de nuevo crédito concedido, a pesar de ser modestos en comparación con las cifras de los años previos a la crisis, se encuentran creciendo a tasas notables. Este hecho, unido a la progresiva disminución del ritmo de amortización de los saldos vivos de crédito, y al buen comportamiento de las emisiones de valores de deuda, ha permitido que, en 2018, por segundo año consecutivo, se haya registrado un crecimiento neto de los flujos de financiación a empresas. A su vez, al coste de esta financiación se ha abaratado significativamente, y ha tendido, además, a converger con nuestros principales socios europeos. En este sentido, merece la pena reconocer el esfuerzo realizado por el tejido empresarial, reflejado en un loable proceso de desapalancamiento.

 

De cara al futuro próximo, no hay que olvidar que el Banco Central Europeo, iniciará, tarde o temprano, la normalización de su política monetaria para tornarla en menos acomodaticia. A pesar de los citados esfuerzos, es inevitable que las incertidumbres acerca del ciclo económico que se divisan en el horizonte condicionen el entorno de financiación. Por todo ello, resulta más esencial que nunca contar con unos instrumentos de financiación flexibles y dinámicos que permitan a las empresas obtener los recursos financieros que necesitan en la cantidad, el coste y el plazo adecuados. Esto hará que las empresas no solo sean más resilientes ante eventuales crisis económicas, sino también más capaces de innovar y generar oportunidades de crecimiento que permitan satisfacer las necesidades de la sociedad. Para lograrlo, toda ayuda es poca, y el proceso debe integrar a todos los operadores del sistema financiero.

 

La normalización de crédito empresarial ha sido posible, entre otros factores, porque muchas empresas han culminado sus procesos de saneamiento financiero. Pero este objetivo, en no pocas ocasiones, se hizo a costa de aplazar proyectos de inversión empresarial que debemos facilitar que puedan acometerse a partir de ahora. Por ello, no quiero terminar sin reivindicar que la inversión empresarial es crucial para el progreso económico y para la generación de empleo, por lo que el sistema financiero debe tratar de dar respuesta mediante una oferta adecuada de productos que sirva para atender las necesidades empresariales, conciliando los intereses comunes de acreedores y deudores.

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