La industria, motor de crecimiento

Artículo de Guillermo Ulacia publicado en el diario Expansión el 23 de enero de 2018

El papel fundamental que desarrolla la industria de un país en su desarrollo económico, es más que sabido, además de posibilitar y favorecer el proceso de internacionalización de cualquier economía. El efecto arrastre que tiene hacia el resto de sectores, la calidad del empleo que genera, la capacidad de innovación y el uso de nuevas tecnologías, hace que la industria sea el motor de crecimiento de cualquier país.

En las últimas décadas la industria ha perdido peso en la actividad económica de los países avanzados. En el caso de España, según datos de Eurostat del año 2016, el sector manufacturero tiene un peso del 14% del PIB, habiéndose recuperado desde los mínimos alcanzados en el periodo 2009-2012, donde se alcanzaba el 13,2% del PIB en media.

Son varios los factores que explican esta pérdida de peso de la industria manufacturera. Por un lado, la deslocalización de parte de la producción hacia otros países, que ofrezcan ventajas competitivas en términos de costes (materias primas, laborales, transporte…). Por otro lado, la externalización de algunos servicios que estaban integrados en las propias fábricas (asesoría jurídica, control de calidad, gestión administrativa, informática…). A esto se añade, la profunda crisis económica que ha tenido especial intensidad en algunos sectores manufactureros españoles.

Sin embargo, la importancia de un sector no debe medirse en función del valor de su producción o del valor añadido que genera, sino que ha de tenerse en cuenta el papel que desempeña dentro del tejido productivo de una economía. El sector industrial español, no solo se sitúa en segundo lugar, tras el sector servicios, según su valor añadido, sino que tiene un elevado efecto arrastre sobre otros sectores, ya que requiere altos consumos intermedios por cada unidad de producción y genera notables efectos indirectos en otros sectores. Así, cuando se produce un incremento por un valor de un euro en la demanda final del sector manufacturero, conlleva un incremento en el valor de la producción del conjunto de la economía por valor de 3,11 euros.

En términos de empleo, la industria manufacturera en España emplea, en 2016, 2,3 millones de trabajadores, es decir, el 12,5% del total. La relevancia de este dato, no sólo radica en el elevado número de trabajadores sino en las características y calidad de los mismos. Según datos de la EPA de 2016, el sector industrial presenta un porcentaje de trabajadores con jornada completa (94,5%), con contratos de trabajo indefinidos (78,7%) y con una remuneración por asalariado (38.000 euros), superior a la media del resto de sectores.

Además, según datos de 2015, alrededor del 40% de las empresas que llevan a cabo actividades innovadoras, pertenecen al sector industrial, y el 13,6% de las empresas industriales realizan inversiones en I+D, mientras que para el conjunto de la economía este porcentaje se reduce hasta el 5,3%. En términos de gasto, la industria realizó unos gastos en innovación de 6.500 millones de euros, el 47,5% del total de los gastos en I+D, englobando tanto la I+D interna como la adquirida. Estos datos, demuestran el papel destacado del sector industrial en el impulso de la economía del conocimiento.

No hay que olvidar, que estamos siendo testigos en las últimas décadas, de una serie de cambios que afectan de manera especial a la industria manufacturera. El progreso de la tecnología y la comunicación, la reducción de costes del transporte, y la mayor apertura y liberalización de los intercambios comerciales, están alterando la naturaleza de la producción y el comercio internacional. La consecuencia de ello, es la fragmentación internacional de los procesos productivos, incrementándose el comercio de productos generados en cadenas globales de valor. Es decir, se está llevando a cabo un sucesivo intercambio de bienes intermedios que son transformados y posteriormente reexportados a otros países, situando diferentes etapas de los procesos productivos en varios países.

La Unión Europea reconoce el papel clave de la industria dentro de la recuperación económica pero los esfuerzos para alcanzar el objetivo propuesto por la Comisión de que el peso de la industria manufacturera represente el 20% del PIB en 2020 vienen siendo claramente insuficientes. La configuración de un Pacto de Estado por la industria, que propicie las políticas adecuadas encaminadas a aumentar su peso en el PIB nacional, es del todo necesaria. Es imprescindible, para ello, implicar al conjunto de la sociedad española, no solo al sector empresarial, sino también a los sindicatos, la administración, la universidad y, sobre todo, a los partidos políticos. Sin duda, la misión de estos últimos debe ir encaminada al consenso, al acuerdo, a la convergencia y a reconocer la importancia que juega la industria en nuestra economía.

Por ello, en el informe elaborado por CEOE “La industria, motor de crecimiento: análisis y recomendaciones”, se aborda la necesidad de actuar en diversos ámbitos que tienen afección directa sobre la industria, como son la política energética, la logística y el transporte, la política comercial y de infraestructuras, la política de innovación, el desarrollo tecnológico y digitalización, la política de formación y empleo, el marco regulatorio, el redimensionamiento empresarial, la política fiscal y la política de cambio climático y economía circular.

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