Hacía una formación ágil y eficaz

Artículo de José Antonio Sarría en Cinco Dias.

Con motivo de la primera revolución industrial a principios del siglo XIX, surgió en Inglaterra un movimiento entre los artesanos textiles llamado Ludismo en contra de las máquinas de hilar y de tejer, que estaban dejando sin empleo a multitud de trabajadores de ese sector. Muchas de las instalaciones fueron destrozadas por los artesanos. El movimiento se extendió por diferentes países de Europa, llegando a producirse también en España el destrozo de 17 máquinas de cardar lana en Alcoy en 1821. Sin embargo, como era de esperar, la tecnología se impuso y la producción en este sector rápidamente desapareció. La lección que debemos aprender de la historia es que es mucho más útil sumarse al progreso y, en lugar de atentar contra las máquinas, debemos aprender a manejarlas.

En el momento actual, a las puertas de la cuarta revolución industrial, se dice reiteradamente que un porcentaje significativo de las tareas laborales que desempeñan profesionales, serán sustituidas por máquinas. Estamos por tanto, de nuevo en el inicio de un nuevo cambio drástico en la organización del trabajo, donde otra vez la tecnología va a hacer desaparecer puestos de trabajo, pero sin lugar a dudas, va a originar la aparición de otros muchos nuevos, como ocurrió a principios del siglo XIX.
Para hacer frente a este futuro incierto, en primer lugar, los centros educativos y formativos deben orientar sus procesos curriculares a las demandas del mercado lo más rápidamente posible; hay que lograr que los recién titulados encuentren empleo con rapidez. De este modo aceleraremos la incorporación de nuestros jóvenes al mundo laboral, así como frenaremos el crecimiento de las elevadas cifras actuales de paro juvenil; hay que evitar que la universidades y centros de formación profesional estén llegando tarde, no solo ya al futuro, sino también al presente, como lo ponen de manifiesto los informes que señalan las dificultades de las empresas para encontrar los perfiles adecuados a sus necesidades actuales.

Por otra parte, los trabajadores ocupados han de prepararse para conseguir los conocimientos y habilidades necesarios en el futuro inmediato, de manera que las empresas puedan ir incorporando las nuevas tecnologías, contando con un capital humano con las competencias adecuadas para los nuevos desempeños. Esta es por tanto otra urgente necesidad, a la que hay que destinar los medios procedentes de la cuota de formación que pagan empresas y trabajadores y que sin lugar a dudas debe ser gobernada por los agentes económicos y sociales, ya que son ellos y de un modo especial, las empresas, las que conocen los medios productivos a los que hay que recurrir para mejorar su productividad, y la calidad de sus productos para incrementar su competitividad, y de ese modo no solo evitar la generación de nuevos parados, sino asegurar la viabilidad de nuestro tejido productivo, así como sus posibilidades de crecimiento y de generación de nuevos empleos.

Por otra parte, para abordar la reducción del desempleo existente en nuestro país, que convive con necesidades inmediatas de mano de obra de las empresas no satisfecha, es necesario realizar por parte de las Administraciones un desarrollo de políticas activas de empleo, contando con la colaboración de los agentes económicos y sociales, que permita dotar a ese colectivo en el menor plazo posible, de la capacitación necesaria para incorporarse con urgencia al mundo laboral. Ésta es sin duda la mejor política social posible, y en la que hay que trabajar con ahínco, para hacer frente a este enorme problema que representa el paro en nuestro país.

La tarea es, por tanto, importante, no solo desde el punto de vista cuantitativo sino también desde el cualitativo y necesitará de evaluación constante. Pero no hay otro camino mejor. Tenemos que buscar una Formación en el trabajo ágil y eficaz. Es la que presenta CEOE en su Libro Blanco sobre el Sistema de Formación en el Trabajo. Tenemos que pasar del actual sistema de formación de parados y ocupados, regulado, administrativizado y burocratizado, a otro cuyo objetivo fundamental sea resolver lo antes posible el importante problema que nuestro país tiene con el desempleo, y que genera tanto descontento ciudadano. Hay que recurrir a los que más cerca están y mejor conocen las necesidades del mundo productivo y laboral: empresarios y trabajadores. Así como también contribuir a mejorar la transición de nuestras empresas a esa anunciada cuarta revolución industrial, dotándolas de un capital humano bien preparado, en lo que cada una necesite.

Evitemos los errores del pasado y, como entonces, que el malestar ciudadano se vuelva airadamente contra el progreso y nos lleve por caminos que no deseamos recorrer. Sentémonos, hablemos y alcancemos acuerdos. El país lo necesita.

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