España y la UE: las dos caras de una misma moneda

Artículo de José Vicente González publicado en Cinco Dias.

España y la Unión Europea comienzan el nuevo curso político igual que lo terminaron: sumidas en la incertidumbre y en la inacción, es decir, dos de los factores más perjudiciales para toda actividad empresarial.

España no sale de su atolladero electoral, lo que conlleva, por ejemplo, retrasar decisiones de inversión o estar de convidado de piedra en los grandes debates europeos e internacionales. La Unión Europea, por su parte, no alcanza a gestionar el resultado del referéndum británico a favor de abandonarla ni revitalizar el proyecto europeo de integración.

El resultado es un contexto de atonía que más pronto que tarde tendrá su reflejo en el plano económico y social. Los empresarios siempre hemos estado plenamente comprometidos con la búsqueda de soluciones efectivas para trabajar más unidos, ser más fuertes y más competitivos, en beneficio de nuestras empresas y de la sociedad en general.

Este es el mensaje principal que acordamos las 40 organizaciones empresariales nacionales que pertenecemos a BusinessEurope, la Confederación Europea de Empresas, con vistas a la cumbre de jefes de Estado de Bratislava, de 16 de septiembre, dirigida a reflexionar sobre el futuro de una Unión Europea de 27 Estados miembros.

Hemos de centrarnos, como país y como Unión Europea, en aquellos asuntos que aporten verdadero valor añadido, como legislar solo donde sea necesario, suprimir las barreras al mercado interior europeo o mejorar la gobernanza de la zona euro.

Tenemos que definir una hoja de ruta global, anclada en un fuerte pilar económico y una ambiciosa política comercial, que nos permita abrir más mercados y generar más oportunidades dentro y fuera de nuestras fronteras, sobre la base de unos instrumentos de defensa comercial efectivos.

Deberíamos poner en marcha políticas en favor de la competitividad empresarial, tanto a nivel nacional como europeo, dirigidas a fortalecer la industria, favorecer la innovación y promover la digitalización de nuestra economía, con la finalidad última de generar un crecimiento más inclusivo.

Y, además, habríamos de salvaguardar la integridad del espacio europeo de libre circulación de personas, empezando por dar una respuesta común a la cuestión migratoria y avanzar en el control de nuestras fronteras exteriores, para ofrecer una mayor seguridad y, por tanto, confianza en la Unión Europea.

En cuanto a las negociaciones sobre la salida de Reino Unido, y que también se trataron en la cumbre de Bratislava, entendemos que deberían guiarse por los principios de espíritu de colaboración y lealtad mutua; mitigar los efectos negativos que habrá para ambas partes; alcanzar soluciones factibles en un periodo razonable y preservar la total integridad del mercado único europeo y de sus cuatro libertades.

La vacilante situación de la Unión Europea y las incertidumbres que añaden el contexto en España, la salida de Reino Unido, el próximo referéndum en Italia y las inminentes citas electorales en Alemania y Francia, no ayudan a despejar el horizonte y crear expectativa e ilusión en las empresas, en las familias y en la sociedad en su conjunto.

La recuperación de la actividad económica y del empleo en España continúa, pero no conviene olvidar que, en buena medida, esta evolución positiva de la economía española se apoya en un conjunto de factores de carácter externo cuya tendencia podrá estar influenciada por la situación presente y futura de nuestros principales socios y del conjunto de la Unión Europea. Es fundamental que dicha recuperación se consolide con la adopción de políticas económicas y sociales centradas en la eficiencia de los recursos, mediante un mejor control y asignación del gasto público, en especial, en su vertiente no productiva. Para ello, se requiere contar con una imprescindible estabilidad institucional que respalde las grandes líneas de reforma de política económica.

Toda decisión conlleva un coste y toda negociación implica una cesión. Es momento de unidad, de estabilidad, de coherencia y, sobre todo, de diálogo y acción concertada. Tenemos que ser capaces de ofrecer soluciones tangibles para afrontar en las mejores condiciones los desafíos globales que, como ciudadanos y empresas, tenemos y que van desde la seguridad y la inmigración hasta el bienestar social y el desarrollo de nuestras empresas.

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