Es urgente que la Unión Europea sea más transparente

Artículo de Loïc Armand publicado en el diario francés Le Monde

La decisión soberana del pueblo británico de abandonar la Unión Europea ha puesto fin a una falsedad idealista: la unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa no era un acervo comunitario. “Nosotros, las civilizaciones, ahora sabemos que somos mortales”, escribió Paul Valéry en 1919.

¿No deberíamos reconocer que, tan solo un siglo después de Verdun, nuestros gobiernos todavía no son tan amigos como habíamos soñado y, de hecho, son poco más que “socios rivales”? Es verdad que a día de hoy se intenta evitar la afirmación de que las naciones vayan a desaparecer, pero hay que decirlo claramente. Necesitamos inventar urgentemente una nueva forma de colaboración entre los socios de un proyecto europeo mejor, más unido, más transparente y más eficiente.

La Unión Europea tiene demasiadas instituciones para que tan sólo sea una zona de libre comercio, cosa que se podría alcanzar mediante una convergencia normativa que permitiese la libre circulación de bienes, servicios y capital. Su nuevo mandato debe consistir en centrar las acciones europeas en las áreas en las que sea más necesario el valor añadido de acciones colectivas para promover la competencia: aquéllas que refuercen nuestra posición de competitividad a escala mundial, la transición energética y la revolución digital, pero en el marco de un gobierno más inteligible.

Las instituciones europeas están demasiado alejadas de los métodos de toma de decisiones a los que está acostumbrada la gente para ir más allá. La libre circulación de personas forma parte de este “más allá”. No es una libertad como las demás, ya que tiene un componente político que ha quedado cruelmente patente a tenor de los últimos acontecimientos. El ciudadano europeo todavía no existe, sesenta años de colaboración no han sido suficientes. Para prosperar– como deseamos – los ciudadanos tienen que adoptar con mayor convencimiento el proyecto europeo. Cada institución deberá poner de su parte para ser responsable ante los pueblos de Europa y reforzar su legitimidad.

¿Cómo puede el Parlamento Europeo existir en todas sus vertientes si el ciudadano europeo es todavía una idea de futuro? ¿Hay algún asunto europeo que no tenga implicaciones nacionales? ¿Sería impensable contemplar que estuviese de nuevo compuesto por representantes de los parlamentos nacionales de los Estados miembro, o sería una mala idea? ¿Cómo podemos, entonces, reconciliar ambos niveles de legitimidad? ¿Por qué no utilizar los asientos que quedan libres en el Parlamento europeo a raíz de la salida de los británicos para elegir el mismo número de nuevos diputados en base a una circunscripción europea? Esto tendría un cierto atractivo … ¿un francés elegido por sus compatriotas y por la gente de otros 26 países?

En cualquier caso, con respecto a la Eurozona, ¿debería el Parlamento tener responsabilidad presupuestaria, otorgándole potestad tributaria con el fin de garantizar la igualdad necesaria para que la estructura siga siendo creíble? ¿Sería factible dotar a un parlamento de una responsabilidad de este nivel sin un mejor control democrático nacional, ahí donde se encuentra la legitimidad familiar?

RECONSTRUCCIÓN

Los asuntos europeos se ha convertido en asuntos cotidianos de interior. ¿No debería el ejecutivo nacional informar a su parlamento antes de cada reunión del Consejo Europeo, como hace la canciller alemana ante el Bundestag? ¿Deberían hacerse públicos los debates de los líderes de estado y gobierno en el Consejo Europeo para que cada uno asumiese ante su electorado la responsabilidad derivada de la posición por la que se haya decantado? Por último, ¿puede Europa seguir progresando sin que la Comisión se convierta en un gobierno europeo real y responsable ante ambas cámaras del Consejo y el Parlamento?
La norma que asigna un comisario por país es un vestigio del pasado. ¿No debería el Presidente de la Comisión ser nombrado por el Consejo Europeo e investido, junto con su gobierno, con comisarios libremente elegidos por el Parlamento? ¿No se le deberían otorgar los mismos poderes que a un primer ministro en una democracia parlamentaria para garantizar cohesión y eficacia general?

Las instituciones concebidas hace 60 años se deben adaptar a la situación actual. La unión de los pueblos de Europa es más necesaria que nunca en un mundo en proceso de profundo cambio, pero no será posible sin ellos. Por tanto, abramos el debate, hablemos de los términos de la reconstrucción. En Francia, la elección presidencial proporcionará una buena oportunidad. La cuestión no es tanto “estar o no estar juntos” sino, con quién, bajo qué límites geográficos y para hacer qué cosas en respeto mutuo.

Entre nuestros líderes políticos, aquéllos que tengan el valor de establecer los términos del debate, de participar con realismo y generosidad, harán posible la re-apropiación nacional del proyecto europeo. No es una cuestión de proponer un referéndum/ultimátum, sino intercambios, diálogo, en nuestro país y con nuestros vecinos, con nuestros amigos alemanes, pero no sólo con ellos.
Las empresas que construyen Europa diariamente lo están pidiendo y están dispuestas a contribuir para conseguirlo. “Creemos que una civilización es tan frágil como la vida”, escribió Paul Valéry. Así que reavivemos el espíritu europeo juntos.

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