Crecimiento económico y confianza ciudadana

Artículo de Joaquim Gay de Montellá en el diario Expansión.

La excepcional trayectoria de la economía española, que acumula ya tres años de crecimiento sostenido, ha sido posible gracias a la confluencia de varios factores que, paradójicamente, han sido propiciados por la más dura y severa de las crisis que ha azotado todas las economías occidentales en los últimos cincuenta años. Lejos de renunciar a afrontar con firmeza cambios de fondo, España sorteó la seria amenaza de un rescate e inició a partir del año 2012, reformas estructurales fundamentalmente en el ámbito del trabajo –la Reforma Laboral- y el sector financiero, pulmón imprescindible para las empresas y las familias. Han sido años muy difíciles que lo han cambiado todo, justo al mismo tiempo en que la transformación digital ha modificado los modelos de negocio en prácticamente todos los sectores de actividad. Pero España lo ha hecho bien. La economía española es hoy, en el 2017 mejor que en el 2005, cuando aparentemente vivíamos crecimientos de dos dígitos en los beneficios de muchas de las corporaciones empresariales de nuestro país.

Hoy la economía española es más productiva, más eficiente, más internacionalizada, más competitiva. Es un éxito si recordamos que en la década anterior nuestro sistema económico estaba más enfocado al comercio interior, al sector inmobiliario, y también –hay que decirlo- a movimientos especulativos. Tal vez, de todas las magnitudes y previsiones económicas que se están revisando al alza por parte de los principales organismos internacionales, destaca, por lo que representa, el que se refiere a una cierta contracción del ahorro familiar. Por primera vez en estos tres años de crecimiento sostenido, las familias dan señales de que también ha llegado al ciudadano la confianza en el futuro. Y este dato es muy relevante.

El año 2016 fue excepcional, pero los ciudadanos no se lo creían. Mientras la economía iba bien, se generaba empleo, crecían las exportaciones, volvía a circular el crédito y las inversiones aumentaban, el tono emocional de los ciudadanos era de pesadumbre, pesimismo y escasa confianza en que la recuperación fuera cierta y firme. Los constantes desvelos en casos de corrupción en el ámbito político y económico y una más que cierta pérdida del poder adquisitivo de las familias, es el origen de la distorsión, el espacio en blanco, entre un país que funciona y crece en sus indicadores, pero que se percibe a sí mismo pobre y desanimado.

Eso está cambiando, aunque aún queda mucho por hacer. Es cierto que en el 2017 se ha conseguido formar gobierno y una cierta estabilidad parlamentaria tras un año de Gobierno en funciones como fue el 2016. Más allá de los muchos interrogantes abiertos que presenta el desenlace de las primarias en el PSOE –y que, en cualquier caso, forma parte de la crisis europea de la socialdemocracia- entendemos que los dirigentes políticos, pero también los empresariales y sindicales, deben tener muy clara su gran responsabilidad para evitar la ruptura entre una economía que funciona y un sistema político e institucional cuestionado pero que avanza a ser, inequívocamente, transparente, honesto, eficiente y de verdadera y auténtica vocación de servicio público.

Es el vector político el que debe apuntalar y asegurar la magnífica evolución de la economía española. No debe haber motivos para el pesimismo. El firme crecimiento económico apoyará, como ya ocurrió en los dos últimos años, la reducción del déficit público, en buena medida gracias a la disminución del paro. El Gobierno prevé que el déficit cierre este año en el 3,1% del PIB, y que se reduzca por debajo del 3% en 2018. En definitiva, todo indica que el déficit público seguirá reduciéndose en los próximos años, con el fin de situar la deuda pública en una dinámica decreciente.

El paro es el gran reto pendiente. A pesar de los buenos datos de creación de empleo, la tasa de paro sigue siendo aún muy elevada y el principal de los frenos para proyectar una recuperación cierta de la economía española. Hagamos todos los esfuerzos, en formación y en contratación. Sin duda, hay muchos caminos por explorar que pueden contribuir a una mejor estructura del empleo en nuestro país. Desde aquí, invito a las empresas a incorporarse a la Alianza para la FP dual cuya clave es el aprendizaje en la empresa. Ha llegado el momento de avanzar en todos estos grandes temas sobre lo que escribimos más que hacemos.

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