Competitividad y eficiencia

Artículo de Juan Rosell publicado el 24/5/2018 en Expansión.

Una vez más, la economía española ha vuelto a mostrar su capacidad de recuperación. Desde que nuestro país inició en 2014 un nuevo ciclo expansivo, la actividad y el empleo han sorprendido al alza, acumulando tres años de crecimiento del PIB por encima del 3% y una creación de empleo superior al millón y medio de ocupados. Las perspectivas siguen siendo positivas para 2018. Previsiblemente, España seguirá creciendo por encima de la media de la Eurozona este año, con un crecimiento del PIB cercano al 3%. En concreto, el Gobierno estima un aumento del PIB del 2,7%, mientras que CEOE y otras instituciones internacionales ya lo sitúan en el 2,8%. Además, este dinamismo económico viene acompañado de superávit exterior, una inflación moderada y un proceso de consolidación fiscal que, si bien ha perdido intensidad, se acerca a los parámetros exigidos por Bruselas.

Las exportaciones han sido el principal motor en este nuevo ciclo de recuperación. Tras la crisis, el PIB no alcanzó los niveles del año 2008 hasta el segundo trimestre de 2017. Sin embargo, las exportaciones en 2017 fueron un 31,8% superiores a las de 2008. El notable crecimiento de las exportaciones españolas durante los últimos años pone de manifiesto la competitividad de las empresas y de los productos y servicios nacionales en los mercados extranjeros. De hecho, España no ha perdido cuota de mercado mundial, a diferencia de otros países europeos, y a pesar del protagonismo creciente de las economías emergentes en el comercio mundial.

Pero debemos seguir ampliando nuestros mercados exteriores. Ahora que la economía alcanza tasas de crecimiento notables y la demanda interna cobra mayor dinamismo, parece que uno de los principales retos para la economía española será continuar creciendo sin generar déficit exterior. Para ello, es fundamental que las exportaciones sigan aumentando a buen ritmo, y que se siga ampliando la base exportadora. La asignatura pendiente de las exportaciones está en la Pymes. Según datos de la Agencia Tributaria, solo el 3% de las empresas de menos de 200 trabajadores participan en el sector exportador, mientras que más de la mitad de las firmas de más de 200 trabajadores tienen clientes en el exterior.
También es necesario seguir ahondando en el proceso de reformas para hacer una economía más competitiva y eficiente. Por ello, los empresarios españoles venimos solicitando una serie de medidas. Voy a referirme solo a tres.

En primer lugar, solicitamos mejorar la fiscalidad. En España no existe un problema de recaudación tributaria. La recaudación de 2017 se sitúa prácticamente en los mismos niveles de 2007, máximo de la serie histórica. En lo que respecta a las empresas y según Eurostat, la proporción de recaudación que en España procede de las empresas es considerablemente superior a la media europea. Los ingresos públicos que aportan las empresas respecto al total se elevan a un 30,4% en España, mientras que la media de la Eurozona es del 26,2%, puesto que al Impuesto sobre Sociedades hay que sumarle las cotizaciones que pagan los empresarios a la Seguridad Social. Por lo tanto, las mejores cifras de ingresos deben ser aprovechadas, junto con la rebaja anunciada del IRPF, para acometer también bajadas de impuestos que afecten al sector empresarial y favorezcan la inversión y creación de empleo. En concreto, sería el momento de revertir alguna de las medidas tomadas en los últimos años y que limitan la deducibilidad de ciertos gastos o la compensación de bases imponibles negativas.

En segundo lugar, hay que llevar a cabo una apuesta decidida por la Digitalización. Las tecnologías digitales constituyen el principal motor de transformación social y económica. Para las empresas, la aceleración del desarrollo digital provocará una disrupción notable que se dejará sentir en los modelos de negocio y en su nivel de competitividad. Según el “Plan para la digitalización de la sociedad española (Plan Digital 2025)” elaborado por CEOE, el PIB en el año 2025 sería un 3,2% mayor si se avanzara más del 10% en digitalización. Por el lado del empleo, éste sería un 1,3% mayor en el año 2025 (250 mil empleos adicionales) respecto al escenario de ausencia de mayores avances en la digitalización.

En tercer lugar y muy relacionado con el rápido desarrollo de las nuevas tecnologías, es la necesidad de mejorar la formación. En el actual escenario abierto de acceso a las tecnologías o al capital, el elemento diferencial que permite ofrecer bienes y servicios en mejores condiciones que los competidores, está precisamente en la cualificación de los trabajadores. Para ello es fundamental compatibilizar una visión educativa de largo plazo, con la adquisición de habilidades a corto y medio plazo que permitan adaptarse, con la mayor versatilidad posible, a las demandas cambiantes del mercado laboral. Y de ahí que sea necesario impulsar la participación de las empresas en la formación y desarrollar una oferta integral y flexible de formación permanente, adaptada a las distintas situaciones de la población, aproximando la universidad a la empresa.

En un momento de ciclo económico alcista, la política económica debe constituir la piedra angular de la acción del Gobierno para que los beneficios de un crecimiento sostenido y sostenible se extiendan a toda la sociedad española. Una política económica que también comprende la modernización del mercado laboral y sobre el que los empresarios estamos proponiendo a nuestros interlocutores actuar en una serie de ámbitos que van desde el aumento de los salarios hasta la reforma de la negociación colectiva, pasando por la imprescindible reducción del absentismo.

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