Aumento del proteccionismo: Guerra comercial entre China y EEUU

A finales de 2017 la economía mundial mostraba gran fortaleza. El crecimiento era generalizado y las perspectivas muy positivas, apoyadas en el dinamismo del comercio global, que alcanzó ratios del 5,2%, el mayor ritmo desde el año 2011. Sin embargo, a finales de 2018 la situación ya no es tan halagüeña. El comercio mundial se ha desacelerado hasta tasas del 4,2%, un punto menos que en 2017, según el informe de octubre del FMI, o hasta el 3,9% según la OCDE, mientras que las previsiones de crecimiento mundial se están revisando progresivamente a la baja.

info2¿Qué ha ocurrido durante el presente año para que el crecimiento mundial contenga su ritmo, cuando las perspectivas un año atrás eran tan favorables?

Son varios los factores que han influido en que el crecimiento global no haya seguido ganando dinamismo, si bien hay que atribuir un papel destacado a las crecientes trabas al comercio mundial y el riesgo de que desemboquen en una guerra comercial entre Estados Unidos y China.

Se presenta a continuación una breve cronología del aumento de las tensiones comerciales que comenzó afectando a unos pocos bienes y que ya atañe a más de 13.000 productos. Conviene señalar que, a pesar de que las principales medidas se han materializado durante el presente año, en 2017 ya se elaboraron informes en Estados Unidos sobre el notable desequilibrio comercial del país, así como sobre posibles prácticas comerciales desleales por parte de China, que incluían el robo de propiedad intelectual, lo que ha ido deteriorando la relación entre estos países.

Enero de 2018: Estados Unidos estableció aranceles sobre placas solares y lavadoras, que provenían mayoritariamente de China, como preámbulo del inicio de las tensiones comerciales.

Marzo de 2018: Estados Unidos impuso aranceles del 25% al acero y del 10% al aluminio aludiendo a la seguridad nacional. Aunque en un primer momento dejó exento de los mismos a una serie de países, entre los que se encontraban México, Canadá y la Unión Europea.

Abril de 2018: China aprobó medidas en respuesta a las decisiones sobre el acero y el aluminio, estableciendo aranceles a productos estadounidenses por valor de 3.000 millones de dólares, con tasas del 15% a unos 120 productos y de un 25% a otros ocho productos.

Junio de 2018: se eliminaron las exenciones a las importaciones del acero y del aluminio para México, Canadá y la Unión Europea. Estos países respondieron con nuevos gravámenes a productos de Estados Unidos. En concreto, México cifró sus medidas en aranceles a productos por valor de 3.000 millones de dólares. También, la UE anunció aranceles por valor de 7.100 millones de dólares (unos 6.400 millones de euros), aunque finalmente los impuso sobre unos 3.200 millones de dólares (2.800 millones de euros). Por su parte, Canadá anunció impuestos a importaciones de Estados Unidos por valor de 12.800 millones de dólares.

Julio de 2018: se recrudecieron las tensiones entre China y Estados Unidos. El país norteamericano aprobó tasar con el 25% a más de 818 productos procedentes de China, por un valor de 34.000 millones de dólares. Por su parte, el país asiático respondió con medidas similares, con tasas también del 25% por idéntica cuantía, afectando a 659 bienes.

Agosto de 2018: se materializan nuevas tasas sobre otros 16.000 millones de dólares por ambas partes, para alcanzar junto con los 34.000 millones aprobados en julio, los 50.000 millones anunciados en abril. En este caso, se establecieron tasas del 25% sobre 279 productos por parte de Estados Unidos, mientras que por el lado chino se fijaron tasas del 25% sobre 333 productos.

Septiembre de 2018: se dio un nuevo paso en la escalada arancelaria, adquiriendo esta una mayor magnitud. Estados Unidos estableció aranceles del 10% sobre importaciones chinas por valor de 200.000 millones de dólares, afectando a numerosos productos, casi 6.000. China ha respondido con aranceles entre el 5% y el 10% sobre más de 5.200 productos estadounidenses, por valor de unos 60.000 millones de dólares.

Marzo de 2019: Estados Unidos había anunciado incrementar en enero 2019 los tipos arancelarios aprobados en septiembre, desde el 10% hasta el 25%, aunque tras la reunión de diciembre, en el marco de la cumbre del G-20, esta medida se retrasa hasta marzo. En el caso de que finalmente se adoptase dicha decisión, es muy previsible que China también respondiese con un alza de sus tasas a los productos estadounidenses.

Incluyendo las medidas de septiembre, Estados Unidos ha establecido aranceles sobre el 48,3% de los bienes y servicios importados de China. Por su parte, China afecta al 60,1% de los bienes y servicios importados desde Estados Unidos.

Posible tercera ronda de aranceles: esta situación pudiera complicarse aún más si se produjese una tercera ronda de aranceles con la que ha amenazado Estados Unidos. En esta ocasión, se verían afectados productos por valor de 267.000 millones de dólares adicionales, gravando casi la totalidad de las exportaciones provenientes de China. Por su parte, China contestaría con tasas sobre otros 60.000 millones de dólares, con lo que también afectarían a la gran mayoría de bienes y servicios estadounidenses.

Las respuestas por parte de China han dejado de ser simétricas desde el pasado mes de septiembre, dado el desequilibrio comercial entre ambos países. No obstante, las autoridades del país asiático han señalado que adoptarán medidas exhaustivas que combinen cantidad y calidad, por lo que podrían ir más allá de los aranceles, como el uso de políticas regulatorias o impositivas sobre empresas estadounidenses.

Adicionalmente a las tensiones con China, Estados Unidos también está estudiando la posibilidad de aumentar los aranceles sobre las importaciones de vehículos y sus componentes hasta el 25%, lo que afectaría a unos 350.000 millones de dólares. En caso de producirse, cabe esperar que los países afectados adopten medidas por una cuantía similar sobre una serie de productos provenientes de Estados Unidos.

De momento, los efectos a nivel mundial no son dramáticos. Algunas estimaciones señalan que hasta septiembre los nuevos gravámenes afectaban al 1% del comercio mundial, y tras la nueva ronda aprobada en dicho mes, el porcentaje se eleva hasta el 2,5%, cifra que pudiera situarse por encima del 4% si se materializasen las amenazas para tasar la inmensa mayoría del comercio entre Estados Unidos y China.

Sin embargo, no hay duda de que, dado el elevado grado de interconexión en el comercio mundial, la escalada de este conflicto creará inestabilidad y detraerá crecimiento a nivel global. La magnitud del impacto es difícil de precisar ya que los efectos derivados de las trabas al comercio pueden influir sobre la actividad económica por diversas vías.

En octubre, el FMI realizó unas estimaciones en las que consideraba tanto el impacto directo, reflejado en el incremento en los costes comerciales, como también efectos derivados, que influyen sobre la confianza y los planes de inversión de las empresas, y las reacciones de los mercados financieros.

En dicho informe se señala que los efectos de las trabas comerciales que se han ido generando a lo largo del año 2018 aún presentan unas consecuencias discretas sobre el crecimiento global, afectando entre una y dos décimas al mismo. Sin embargo, en el caso de que se mantengan en el tiempo y se materialicen las amenazas existentes, los efectos negativos sobre el crecimiento mundial serán muy notables y por múltiples vías, pudiendo llegar a detraer alrededor de unas ocho décimas en 2019 y 2020.

En Estados Unidos el crecimiento se resentiría en algo más, en torno al punto porcentual, mientras que en China los efectos acumulados restarían alrededor de 1,6 puntos al crecimiento en dichos años.

Afortunadamente, también hay algunas señales positivas, como el acuerdo alcanzado entre Estados Unidos, México y Canadá para una nueva versión del NAFTA, tras varios meses donde Estados Unidos amenazaba con desvincularse de los tratados.

Así como, la tregua acordada en diciembre, y que durará hasta el próximo mes de marzo, entre Estados Unidos y China, con el aplazamiento de subidas de aranceles por parte de Estados Unidos y el compromiso de China de aumentar las compras de productos estadounidenses, especialmente en sectores agrícolas, energéticos e industriales, y en la rebaja del 40% al 15% de los aranceles aplicados en China a los vehículos provenientes de Estados Unidos.

Durante los próximos meses, además de sobre aranceles, también se negociará sobre otros asuntos como la protección de la propiedad intelectual, que China permita un mayor y más libre acceso a sus mercados, la transferencia de tecnología, o las barreras no arancelarias, que son algunos de los principales requerimientos de Estados Unidos.

 

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