Altura de miras

Artículo de Juan Rosell en El Periódico.

El deseo de todos los empresarios es que, tras el 26-J, el horizonte político se despeje y arranque un periodo de estabilidad institucional. Una condición necesaria para generar confianza entre los ciudadanos, las empresas y los inversores en un momento trascendental para consolidar la recuperación de nuestra economía y del empleo. En 2016 ha continuado la senda del crecimiento que llevó el año pasado a nuestra economía a una tasa del 3,2 en un entorno favorable con tipos de interés históricamente bajos, caída del precio del crudo y depreciación del euro que ha favorecido el impulso de nuestras exportaciones. Las perspectivas siguen siendo positivas, pero no podemos malograr lo que ya hemos hecho, ni mirar para otro lado, en vez de hacia el camino que queda por recorrer para apuntalar este crecimiento.
Hay dos aspectos clave para ese camino. Por un lado, continuar con el proceso de consolidación fiscal, de sostenibilidad de nuestras cuentas públicas, que es un punto esencial para el mantenimiento de la credibilidad entre los inversores. De otra parte, proseguir el proceso de reformas para afianzar el ciclo de recuperación en un escenario de desaparición paulatina de algunos de los factores que han impulsado el crecimiento.

El pasado día 3 de junio enviamos a todas las formaciones políticas nuestro documento “Propuestas empresariales ante las elecciones generales” que recoge muchas de esas reformas necesarias. Por ejemplo, una política fiscal que contribuya al crecimiento, el fortalecimiento de la negociación colectiva, garantizar un sistema de seguridad social sostenible, un marco normativo favorable a la actividad empresarial, el impulso de la innovación y la transformación digital, revisar la formación profesional para el empleo y, cuestión no menor, la reforma de las Administraciones Públicas. En suma, reformas dirigidas a mejorar la competitividad de la economía española bajo una premisa: debemos simplificar y gestionar mejor.

CEOE cumple el próximo año su 40 aniversario. Cuatro décadas en las que se ha producido una gran transformación de la economía española cuyo balance hay que poner en positivo. El rumbo es el bueno, ahora queda proseguir las tareas. Hay que continuar modernizando, reformando, adaptando, digitalizando… Lo estamos haciendo las empresas. Lo ha de hacer toda la sociedad.

Este es el diagnóstico y las recetas, ahora falta que el día después de la elecciones, entre todos, contribuyamos a aplicarlas y que, sus efectos positivos, se noten pronto. Para ello es necesario que nuestros representantes políticos se pongan a trabajar desde ese mismo día para configurar un Gobierno. Un Gobierno que despeje los riesgos que acechan a la recuperación económica, genere confianza y asegure a los empresarios certidumbre, estabilidad política y social y un marco normativo claro y sencillo. No podemos perder más tiempo. Esta vez sí, necesitamos toda la altura de miras de nuestra clase política.

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