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Antonio Garamendi Presidente de la asociación empresarial española CEOE está rompiendo algunos clichés. No pocos esperaban que la CEOE, la patronal española, actuase como un ariete incisivo y permanente contra un Gobierno de izquierda reforzada. Y sin embargo, la organización empresarial está batiendo el récord de acuerdos acelerados con el Ejecutivo y con los sindicatos. Esta semana, con mucha tensión hasta el último minuto y a las puertas del Consejo de Ministros, Gobierno, CEOE y sindicatos aprobaban la prórroga de las condiciones excepcionales para los ERTE hasta el 31 de enero. Antonio Garamendi, el presidente de la entidad que agrupa los intereses de los empresarios españoles, no puede ocultar su satisfacción por este nuevo pacto. Una estrategia que defiende frente al modelo de confrontación que algunos le reclaman desde sus propias filas.

Antonio Garamendi

– ¿Dónde ha estado el problema para que la negociación haya sido tan tortuosa?

– Nos hemos tirado dos meses de conversaciones. En lo que respecta a los empresarios, nuestro empeño era que no se podían quedar fuera sectores que lo están pasando muy mal en la pandemia. El turismo, el comercio, la hostelería, el ocio nocturno… hay muchas actividades que no podían quedar fuera del ámbito de protección. Esa ha sido nuestra pelea.

– Hay quien puede pensar que lo que se protege es la reducción de coste de los ERTE para las empresas.

– Esos sectores están plagados de pequeños, pequeñísimos negocios. No estamos hablando de grandes empresas. Son la parte más débil del entramado económico de nuestra sociedad.

– La dificultad en el acuerdo, ¿puede estar centrada en que al Gobierno comienza a entrarle miedo? Un coste elevado y que ahora ya se intuye que puede prolongarse durante mucho tiempo, no tres meses.

– No lo sé, pero el Gobierno es consciente de que ese gasto es necesario, que la deuda pública se va a disparar y que los ERTE se siguen necesitando. Tampoco tenemos tan claro cuál es el coste real de estas medidas, pero el objetivo final es proteger puestos de trabajo. Para muchos, asumir el coste íntegro de la Seguridad Social cuando tu facturación se ha hundido supondría el camino seguro hacia la ruina. Y la quiebra de una empresa, aunque sea un bar, supone pérdida de puestos de trabajo.

Demasiadas negaciones

– ¿Tiene sentido abrir una negociación cada tres o cuatro meses?

– Yo creo que no. Alemania, por ejemplo, ya ha fijado las condiciones y se mantendrán hasta el 31 de diciembre de 2021. Está claro que esto no es lo que se podía pensar a finales de marzo y que hay que admitir que lo vamos a necesitar durante un plazo mayor. Es ingenuo pensar que los bares pueden solucionar su problema si los ayuntamientos les permiten instalar terrazas. Algunos se olvidan, por ejemplo, de que en Vitoria hace frío y nieva en invierno.

– Pero la desaceleración de la economía puede convertir los ERTE en despidos.

– No quiero ni planteármelo por el momento, aunque hay que admitir que si la situación continúa mucho tiempo así veremos muchos ajustes de plantillas. Ahora, sin embargo, tenemos que estar centrados en defender empresa por empresa y empleo por empleo.

Industria y Turismo

– La campaña de turismo del verano de 2021…

– Me preocupa algo más cercano, que es la campaña de invierno de Canarias. Hay que hacer un trabajo muy intenso para salvar eso. PCR a la entrada y a la salida, corredores seguros, ofrecer garantías a alemanes e ingleses en materia de asistencia sanitaria. Lo que sea. Luego hay que comenzar a pensar en medidas para salvar el próximo verano. Aquí hay lecciones que, por ejemplo, sirven para insistir en la estrategia del País Vasco.

– ¿A qué se refiere exactamente?

– A que en la anterior crisis y también en esta han resistido mejor las zonas con un importante componente industrial en el PIB. La industria tiene sus problemas, claro, pero creo que no es comparable. Pero también ahí, con la industria, hay que poner el esfuerzo en salvar empresas y empleos.

– Lo de la contrarreforma laboral en el Gobierno parece como el Guadiana. Aparece y desaparece.

– Creo que estaría bien reconocer que tenemos los ERTE gracias a esa reforma laboral que tanto se critica por parte de algunos. Dicho esto, me preocupa la imagen de inestabilidad y de falta de confianza que transmite España con estas cuestiones. Los inversores internacionales nos siguen con lupa y esos mensajes no son precisamente un impulso para la inversión. La mera especulación de la contrarreforma laboral ya es un freno para el crecimiento.

Reforma y consenso

– ¿Ve al Gobierno decidido a hacerla, como acaban de anunciar de nuevo?

– No lo sé, pero espero que traten de hacerlo con un amplio acuerdo. Por supuesto que nosotros estamos dispuestos a revisar muchas cosas. En España ha habido 40 reformas de la legislación laboral y claro que se puede hacer otra. Pero las cosas que se hacen por consenso, duran. Hay demasiado anuncio grueso sobre este tema.

– En los últimos nueve meses la CEOE ha pactado con el Gobierno de coalición entre PSOE y Podemos más que en 7 años con el de Mariano Rajoy. ¿No resulta extraño?

– Yo llevo algo menos de dos años y puedo dar cuenta de lo que se ha hecho durante mi presidencia, pero no de lo anterior. Sí, hemos alcanzado seis acuerdos hasta ahora, pero es que creo que es nuestra obligación alcanzar acuerdos. También defender nuestra visión y discrepar cuando no estamos de acuerdo con algo. Y tengo que reconocer que el Gobierno está teniendo en cuenta las opiniones de la CEOE. Y eso quiere decir que la opinión de los empresarios tiene peso.

– ¿Se han vuelto ustedes moderados y pragmáticos?

– Yo he sido moderado y pragmático toda mi vida. La sociedad es mucho más moderada de lo que refleja el termómetro político del momento. Me encuentro muy a gusto en el espacio de la moderación porque creo que encierra un valor en sí mismo. Y mi objetivo es tener una CEOE moderada y también pragmática. Insisto, con acuerdos se llega más lejos.

– ¿Discuten ustedes más con el Gobierno o con los sindicatos?

– Mire, en la negociación de los ERTE nosotros hemos apoyado todas las propuestas de los sindicatos. Todas. Con las nuestras… nos hemos encontrado más solos.

– Pero empieza a parecer que ustedes se arreglan mejor con un Gobierno de izquierdas que con uno conservador.

– No entro en política. Tenemos un Gobierno legítimo, esto es la democracia y nuestra obligación es defender el punto de vista de los empresarios.

– Entre los globos sonda del Gobierno figura la creación de un «impuesto para ricos».

– Puede generar deslocalización, que algunos se vuelvan a sus países de origen o que se instalen aquí cerca, en Portugal. No me parece que sea el momento de subir impuestos y tampoco de bajarlos. Tampoco de bajar las cotizaciones sociales. Además de que hay que darle varias vueltas a la eficiencia del gasto público, hay que matizar muy bien esto de la presión fiscal. Es verdad que si dividimos el PIB que se genera en España entre los impuestos que se pagan, nos sale una presión fiscal baja con respecto a otros países de Europa. Pero si dividimos los impuestos que se pagan entre el número de personas que pagan, nos sale una presión media más alta que en estos países. ¿La razón? Pues que el problema fiscal de España no es de impuestos bajos sino de fraude, de economía sumergida. Y ahí hay que poner el acento.

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