2016, año clave para la economía española

Artículo de Juan Rosell, presidente de CEOE, en el Especial 35 Aniversario de EL NUEVO LUNES

El balance de la economía española en 2015 fue positivo: el PIB y el empleo recuperaron tasas de crecimiento, del 3,2% para el primero y del 3% para el segundo; aumentó nuestra competitividad; se amplió el superávit exterior y se avanzó en el proceso de consolidación fiscal. Las perspectivas para 2016 siguen siendo favorables. La economía española tiene inercia y todo parece apuntar que el aumento de la actividad seguirá siendo robusto, al menos en la primera parte del año, y vendrá acompañado de creación de empleo, baja inflación y mejora del saldo fiscal y de la balanza exterior. No obstante, no hay que olvidar que alguno de los factores que han favorecido la etapa de recuperación inicial se irá agotando en mayor o menor medida a lo largo del 2016 y, por ello, el consenso de analistas e instituciones internacionales anticipa un crecimiento más moderado para este año (2,7%).

Uno de los retos de la economía española es mantener un patrón de crecimiento que no genere desequilibrios macroeconómicos. Pero no es el único. Hay que reducir el alto nivel de desempleo para favorecer el aumento de nuestro potencial de crecimiento y también es necesario reducir el nivel de deuda externa para evitar la inestabilidad financiera en nuestro país ante episodios de crisis internacionales o incertidumbre en los mercados financieros.

También el sector empresarial se enfrenta a desafíos importantes. Entre los más relevantes cabe destacar restaurar el tejido productivo perdido durante la crisis y seguir ganando competitividad dentro y fuera de nuestras fronteras. Si bien es cierto que las empresas que han sobrevivido a la crisis son más competitivas, incluso han podido salir reforzadas, también hay que reconocer que el entorno económico global es cada vez más exigente y dinámico. La innovación tecnológica, la apertura de nuevos mercados y la facilidad para hacer negocios son factores clave de competitividad de cualquier país. Por ello, se necesita una estrategia integrada que potencie estos factores y que incluya, como elemento adicional en el caso español, el aumento del tamaño empresarial, con el objetivo de impulsar el proceso de internacionalización de la economía española y la inversión en innovación.

A razón de lo anterior se puede deducir que, tanto a nivel macroeconómico como microeconómico, se precisa un empuje o refuerzo de determinadas políticas económicas (horizontales y sectoriales) para asentar definitivamente el ciclo de recuperación y la confianza en nuestro país. Los empresarios españoles, conscientes de estos retos, elaboramos en octubre de 2015 un informe titulado “15 reformas para consolidar la recuperación”, en el que se proponen un conjunto de medidas para que la economía española crezca más, genere más empleo y sea más competitiva.

El papel de la Administración Pública es ayudar y acompañar al sector empresarial, creando un entorno favorable que atraiga el interés por invertir en nuestro país, siendo la empresa la que toma la decisión final. Para ello, se requiere certidumbre, de estabilidad y de horizonte temporal, para la asunción del riesgo inherente a toda inversión o decisión empresarial.

Y de ahí que la estabilidad política sea primordial. En la Junta Directiva de la CEOE del pasado 20 de enero se hizo un llamamiento a la responsabilidad de los partidos políticos que han obtenido representación parlamentaria para que construyan un clima de estabilidad institucional que genere confianza en los ciudadanos y las empresas.

No se puede malograr el proceso de reformas estructurales, la corrección de los desequilibrios macroeconómicos, el esfuerzo de familias y empresas y, en general, de toda la sociedad, que han mejorado notablemente la confianza y la imagen de nuestra economía, lo que ha permitido dejar atrás la recesión más dura de nuestra historia reciente.

En estos momentos, el país necesita un Gobierno que genere confianza, avance en las reformas emprendidas y acometa otras nuevas y necesarias, que promueva el cumplimiento de los objetivos de déficit público y controle el crecimiento de la deuda pública.

La responsabilidad de gobernar es conseguir que nuestra economía crezca y se desarrolle de manera sostenible para poder atender nuestras prioridades y generar bienestar social. Es seguir construyendo y avanzar en lo que hemos conseguido en la salida de la crisis desde la estabilidad, el diálogo, el compromiso, la ética, la transparencia y el buen gobierno. Premisas que han de ser asumidas en su integridad por todos nosotros, seamos individuos, empresas, organizaciones empresariales, instituciones, partidos políticos o Administraciones y en los niveles de responsabilidad que a cada uno nos corresponda.

Publicaciones recientes